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Haciendo librería. Con Laura Riñón [Amapolas en octubre]

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Lectora, escritora y librera. Hablamos con Laura Riñón.

Se trata de Amapolas en octubre. En el número 60 de la calle Pelayo, Madrid.

La primera foto —va también aquí, es la dejo en color— se la hice a Laura, lectora en ejercicio, recientísima librera de profesión, sin que se diera cuenta. Sin darme cuenta tampoco yo, apunto; como soy miope no alcancé a ver el cartelito, «Amapolas en octubre», hasta casi alcanzar la puerta de esta librería tan, digamos, particular. Le hice la foto por afición. Una mujer parada en el quicio de la puerta, atenta a su libro, leyendo y nada más, en una de esas calles en las que viven los niños y niñas más mimados de todo Madrid, quienes han tenido la fortuna de vivir, ya sea porque han heredado, ya sea porque han conseguido la pasta que hace falta, ya sea por lo que fuere pero que no está al alcance de cualquiera, digo, en Madrid central, ombligo del mundo, su arteria principal. El resto de quienes moramos en Madrid, no sé si saben, yo se lo cuento, no nos vemos afectados por los humos, ni por la falta de comunicaciones fluidas, regulares, un transporte público como Dios manda. Para alcanzarnos hasta este centro neurálgico, capital del Universo conocido, tenemos que tener, como poco, un plan, un coche que dejar en sus inmediaciones, o un libro bien grueso al que dedicarle la hora o dos horas que nos tenemos que tirar para ir y volver a la Filmoteca, a darnos un paseo por la Plaza Mayor, ver a Velázquez, el Guernica, la maravillosa exposición de la obra de la gran Berenice Abbott. No. No todo el mundo es el hijo de Dios; tenemos acaso el Derecho a patalear un poco y poco más. Vida esta.

Pero hablemos de esta librería tan, decía, particular. Pocos libros, un buen montón de cada uno de los títulos y una librera, Laura, que se ha leído todo lo que le llega, lo que selecciona; es así como marca la diferencia, lo que define la personalidad de este espacio. A Laura se va como vas a ese amigo o amiga que lee tanto como tú o más, «No sé qué leer, ¿qué me recomiendas? ¿en qué andas tú?». Y ya te dicen o les dices.

Es, desde luego, otra forma de hacer librería. Por eso la hemos elegido. Lo que cuenta no es la cantidad, es la selección.

Laura Riñón, librerísima de Amapolas en octubre, la librería. Está en la Calle Pelayo número 60 de Madrid.

Y que el sitio, creo que sale en las fotos, es de verdad acogedor. Cuando llegamos había en la trastienda una amiga, como podía estar en el salón de casa, charlando por teléfono. Es lo que quiere y lo que consigue Laura. Se está tan bien.

Como curiosidad, para concluir, dejar ya que hable ella, les cuento que tiene qué sé yo cuántas ediciones, en otros tantos idiomas, de su novela Amapolas en octubre. La va a reeditar la editorial Tres hermanas, vuelve a estar a la venta, revisada y con alguna nota nueva de la autora, en octubre. Acabamos así, mirando ediciones, colores y cubiertas, hablando de la importancia de una buena portada, una señora buena portada comercial, que es un concepto que la mayoría de los editores y editoras librerantes no tocan ni con un palo que sostenga otra persona. Como si vender libros estuviera mal o fuera pecado. Editores, editoras, por favor, aquí una llamada al orden: que se trata de vender libros, háganlos bonitos, tanto como para que los compren incluso quienes no leen. Digo, si se puede pedir…

Cuánto hace que abriste Amapolas en octubre y por qué, Laura

No hace ni un año que abrí las puertas de Amapolas en octubre, aunque la ilusión de tenerla llevara merodeando por mi cabeza desde hace más de veinte años. El porqué creo que está respondido con esta frase.

Susana Romanos, de greylock, pregunta hacia dónde debemos «dirigir la mirada» al entrar en una librería.

Hacia nuestra propia intimidad. Parece extraño, lo sé, pero esta librería tiene alma de hogar, o al menos esta fue mi intención al crearla, y cuando uno entra me gusta que se sienta como si acabara de entrar en la intimidad de su casa.

Carmen Oliart, de Sabina editorial: ¿Cómo compagina la selección de libros que le gustan y la presión de las «novedades»? Relacionado con esto, ¿cómo se informa de las publicaciones de editoriales como las nuestras?

Intento mantenerme protegida ante esa «presión», en cierta medida sigo siendo la lectora que era antes de ser librera, y mi criterio intento que siga siendo el mismo. Una de mis máximas es no tener ningún libro que no pueda defender o recomendar (porque no encaje con mis gustos). No quiero abarrotar las estanterías, prefiero tener pocos ejemplares, pero que sean de calidad.

Detalle de la librería Amapolas en octubre

Una de las tareas que más valoro es el trabajo que hacen las editoriales pequeñas o medianas, que se acerquen a las librerías y que nos muestren sus catálogos. Muchos de ellos tienen un espacio en la librería gracias a su entusiasmo compartido. También es fundamental el trabajo que hacen las distribuidoras.

Alfonso Armada, de fronterad: ¿Qué debe tener un libro para que lo recomiendes con pasión?

Emoción.

Laura, leyendo en la puerta de su librería, ajena a todo lo demás

Edmundo Garrido, de Libros de la Resistencia: ¿Cuál es el impacto de la crítica en medios de prensa sobre sus ventas, existe?

Todavía soy joven para valorar esto, creo.

Pregunta también Alberto Beceiro, de Sr. Scott, si debemos creernos las listas de libros más vendidos.

Podemos creerlas, si queremos, pero no debemos dejar que nos condicione, ni esta lista, ni cualquier otra. El mejor termómetro es el lector que entra buscando un libro.

Y ¿qué atrae más lectores, ser un escaparate de novedades o tener un fondo bien cuidado y pocas novedades orientadas a sus clientes? (Esta es de Edmundo Garrido otra vez)

En mi caso, que no tengo muchas novedades, creo que les gusta, sobre todo, que conozca lo que vendo y que descubra nuevos autores o títulos —que no tienen por qué ser novedades—. El escaparate es la carta de presentación y siempre debe llamar la atención y estar bien cuidado.

Maribel Tabuenca, de Mapas colectivos: ¿Crees que hay libros para mujeres y libros para hombres? 

No. Lo único que hay son gustos generalizados, la ficción es cosa de mujeres —es un hecho—, pero no hay libros para hombres o mujeres, ni lo que ahora llaman literatura para mujeres. Al menos esto es lo que me gusta pensar y es un término que nunca utilizo.

Javier Castro, de Newcastle: ¿Qué crees que podríamos hacer los editores (que no estemos haciendo) para ayudarte a vender nuestros libros?

Venir a vernos, compartir vuestro trabajo y presentarnos las novedades. Ser parte de la librería.

Edmundo Garrido, de nuevo: ¿Vale vender (y leer) «cualquier cosa», como propician las campañas de fomento a la lectura, o es relevante la selección de un catálogo editorial, un catálogo de distribuidora y un fondo de librería?

Cuando uno lee buena literatura corre el riesgo de quedarse atrapado en ella para siempre. Pero mientras se lea y se alimente el hábito de la lectura, creo que no debemos poner pegas.

Laura apuesta por tener caramelos; no solo libros en la librería: bolsas de tela, libretas, lápices…

Susana Ramírez, de Galimatazo: ¿Qué políticas deberían o crees que podrían desarrollarse en el ámbito de la cultura a favor de las librerías independientes?

Ayudar a promover encuentros literarios y culturales, apoyar las iniciativas de los libreros y estar presentes en los actos.

Pablo Fernández de Córdoba, de Siesta: ¿cuánto tiempo esperas para devolver un libro a la distribuidora?

Depende del caso, pero un par de meses puede ser la media.

También Pablo: ¿ayuda el merchandising a vender libros o estorba en la librería?

Ayuda una barbaridad, es como la caja de bombones que hay junto a la caja del supermercado. No la necesitas, pero ¿a quién le amarga un dulce?

Sandra Cendal, de Continta Me Tienes: ¿Son las librerías espacios de resistencia?

No, y no creo que deban presentarse como tal. Las librerías son lugares de encuentro, son mucho más que un sitio en el que ir a comprar libros, son el refugio de muchos y la semilla cultural de la sociedad.

Alfonso Armada pregunta si compartes la idea de Borges de que el paraíso es una biblioteca. ¿Cómo persuadir a los que no leen de todo lo que se pierden de la vida?

Encontrando el libro perfecto para ellos.

Carlos García Santa Cecilida, también de fronterad: Tres razones por las que piensas (si es así) que el libro en papel no va a desaparecer frente al libro electrónico.

Por el tacto del papel. Por las ediciones bien cuidadas. Por seguir cuidando nuestra biblioteca personal.

Otra pregunta de Susana Ramírez: ¿qué ha de tener/ofrecer un buen libro infantil? 

Una bonita portada y un personaje «amigable» para el niño.

Alberto Beceiro:  El contraste entre lo poco que se lee, con las ineficaces medidas de fomento de la lectura y las declaraciones rimbombantes sobre el placer de leer, ¿pueden convertir al libro en un enfermo infinito? ¿No sería mejor un «pues tú te lo pierdes»?

Ellos saben que se lo pierden, pero les da igual. Una de las cosas que me sigue preocupando es lo poco que se fomenta la lectura en colegios o institutos. Creo que esta es una asignatura en la que hay que empezar a trabajar sin demora.

Feliciano Novoa, de La umbría y la solana: ¿Cuál es el futuro de las librerías?

El futuro es el presente, debemos trabajar juntos para que las librerías sean —hoy— lugares de encuentro, además de puntos de venta de libros. Lo que suceda mañana dependerá de lo que hagamos ahora.

Karen Raicher, de Kafkian: ¿Si tuvieras –y pudieras– que resucitar un libro, ¿cuál sería?

La vida oculta, de Soledad Puértolas.

Esta te la hago yo: El libro que más feliz te ha hecho y el que más honda impresión te ha causado.

¿Sólo uno? Depende del momento de mi vida, pero si tuviera que elegir el libro con el que «todo» comenzó diría que es Mujercitas.

Pregunta Pablo Fernández de Córdoba, de Siesta, por los libros que te gustaría hacer si fueras editor.

Me gustaría rescatar la literatura olvidada, sobre todo literatura norteamericana. Creo que estamos en un momento en el que todo se edita y se publica y los libros no tienen tiempo ni para empezar a gatear. Y cuando una edición se termina ya no se reedita a no ser que sea uno de los «elegidos». Me gustaría rescatar novelas que, por cualquier razón, no hubieran llegado a España o que ya no se hayan editado aquí.

Víctor Olcina, de Stirner: Si Roberto Bolaño te robara un libro, ¿lo denunciarías a la policía?

¿A quién se le ocurre robar un libro?

Para acabar, elige por favor uno de nuestros libros, que te lo queremos regalar…

Me gustan las sorpresas…

Pues le vamos a regalar, precisamente por lo que dice sobre la literatura norteamericana y novelas que habría que rescatar, nuestra Quienes viven, de la premio Pulitzer Annie Dillard, que publicó hace ya un tiempo Sabina. Una de nuestras niñas bonitas. A ver si se nos engancha.

Muchísimas gracias, Laura

Amapolas en octubre
Detalle de la librería Amapolas en octubre

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