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Grégoire Bouillier parece no calibrar la cantidad de intimidad expuesta

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Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro, de Grégoire Bouillier

Por Esther Peñas

La editorial Hurtado&Ortega apostó por publicar, en la traducción conjunta de Albert Fuentes y Ona Rius, Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro, que reúne en un único volumen los tres primeros libros publicados por el galo-argelino Grégoire Bouillier: Informe sobre mi persona, El invitado secreto y Cabo Cañaveral (inédito hasta ahora en nuestro país). Tres circunvoluciones o giros alrededor de un sujeto, el autor, a su vez narrador y protagonista de la tríada. Un sujeto de cuadro clínico completo, podríamos decir.

Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negroPermítanme un breve inciso antes de adentrarnos en el libro. Nuestro autor llegó a España antes que como escritor, como objeto artístico. Después de la peripecia que narra en la segunda de las historias, Bouillier y Sophie Calle fueron pareja. Sintetizo: él rompió la relación escribiéndole a ella un correo electrónico, que concluía con el imperativo cuídate. Ella, que quedó estupefacta por el modo en que él puso fin a su historia (hacerlo por escrito, por correo electrónico), lo que no soportó fue ese final. Cuídate. Para salir de su estupor, hizo 107 copias de ese correo que entregó a otras tantas mujeres para que interpretaran, analizaran, cantarán…mediadoras familiares, dibujantes, actrices, trabajadores sociales, filósofas, psicólogas forenses, ajedrecistas…Con el resultado, Calle montó una exposición que llamó por la espita: Cuídate.

Volvemos con las Circunvoluciones. No tiene una vida sosa, digamos, el escritor francés. Desconoce con exactitud quién es su padre, ya que su madre se acuesta al tiempo con dos hombres. Su hermano, homosexual, muere de sida «Soy un hetero reprimido» comenta de sí mismo, que no tenía treinta años sino veinte –en francés- y diez –en inglés-. Su abuelo en realidad es su tío abuelo, su madre toma el suicidio como una modalidad atlética… por hablar sólo de la primera entrega de libro. Esta infancia lo condiciona hacia una tendencia al thánatos constante en su vida. El sol negro, como Kristeva llamó a la melancolía. No tanto melancolía -que lleva sufijo médico, no se nos pase por alto- como pérdida, derrota, fracaso (la muerte de su mentor literario Michel Leires, su ruptura sentimental, el suicidio de Max…). No hay enamoramientos (salvo el momento Beatrice, nombre canónico de la amada) que transformen sino una búsqueda, a lo Miller, de trascendencia por el sexo (incluso en el beso lascivo con su madre). Para nuestro protagonista el amor le estimula a «fabricar anticuerpos» (adviértase, además, la ‘importancia’ de las vocales de los nombres, ya que para él «el amor es una cuestión de vocales»).

No soy nada. Estoy solo. El universo no me pertenece. Hay un mundo que es el de los adultos y no coincide con el de los mayores que conozco. Como un cambio de escala en detrimento mío. No me siento unido a nada. Se han cortado los puentes. Soy un extraño. Extemporáneo. Libre y vano.

Las narraciones de Bouillier, que se inscriben en la ‘literatura del yo’ (como Diario de una alemana, de Hertha Nathorff), pero adscrito a la insólita forma del informe. Eso no quiere decir que los datos que aparezcan hayan sucedido tal cual, toda manipulación de la información, por más objetiva que sea, pasa por la ficción (toda la literatura del yo es ficción, incluida la autobiografía). Lo que se produce en el caso de Grégoire es la incapacidad de disociar entre la realidad y su representación, y un uso sucesivo de tiempos verbales de presente y de pasado que marcan un ritmo variable, acelerando o enlenteciendo la acción. Asimismo hay una ausencia de lo literario, especialmente en el primer título.

En primaria, saqué mi mejor nota de redacción cuando describí el zoco de Marrakesh, con sus colores tornasolados y sus aromas embriagadores. La maestra leyó la redacción delante de todos los alumnos e incluso la hizo circular por otras clases. Aquel fue mi primer éxito ante el mundo. Me hizo reflexionar mucho acerca de la literatura y la impostura: nunca había estado en Marrakesh y no tenía olfato.

Los textos son rápidos, intensos, ágiles, van y vienen en el tiempo, son contundentes, nada poéticos, pero lleno de analogías personales; no en vano, para el autor la realidad está sujeta a las circunvoluciones semánticas o simbólicas que atraigan. Baste el ejemplo del título, que hace referencia a la sonda a sonda Ulysses, que toma el nombre del héroe homérico y que, al igual que el autor, la sonda realizó tres misiones distintas. Hay otras referencias históricas (la manifestación antifranquista en España, la caída del Muro de Berlín…)

Resulta significativa Cabo cañaveral, por cuanto la persona que utiliza para narrar, una segunda, y el estilo, staccato, que es un término musical que referido a la literatura nos habla de una historia escrita en frases muy cortas, lo que imprime un ritmo trepidante. El primer libro, de hecho, está escrito en párrafos de menos de quince líneas.

Cada una de estas tres entregas, parece no calibrar la cantidad de intimidad expuesta. Desde luego, la sensación es que Grégoire no filtra, vomita lo vivido, de ahí que el peso descanse en lo que cuenta, en ningún caso en la manera de hacerlo. Destaca la sobriedad de los recursos que utiliza, parcos, escaso, por momentos nulos, con lo nutrido de lo que sucede, con los hechos que se dan cita como en un encuentro casi circense, inconexo en ocasiones, en apariencia. Solo en apariencia.

La vida empieza justo donde terminan las imágenes.


Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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