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Esa parte de nosotros que permanecerá siempre en París

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Desde lejos

Por José Luis Morante

La primera convocatoria del Premio Centrifugados de Poesía Joven deja en el entorno literario hispano una voz nueva, Paula Giglio (Córdoba, Argentina, 1988), Licenciada en Filosofía por la Universidad de Córdoba, es autora de los libros de poesía Ella, naturaleza (2012), En el cuerpo (2016) y Un lugar para mis piernas largas (2018) y en 2017 fue seleccionada para participar en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires. También tuvo un papel activo en la trigésimo tercera edición del Festival de Poesía de Trois-Rivières (Canadá). No es, por tanto, una desconocida en la geografía expandida del poema, aunque viene bien que se incorpore a la colección de poesía de Centrifugados que, desde hace años, es insistente ventana frente al cambio de estaciones del paisaje latinoamericano y sus distintas tonalidades.

La risa loca de los ángelesEn el prólogo «Hoy llueve sobre el mundo», Robin Myers traza unas notas breves sobre el perfil de Paula Giglio, a partir de la arquitectura argumental de La risa loca de los ángeles. El poema se enfrenta sin más a una historia de amor desde lejos, cuyos polos orbitales son Buenos Aires y París; y en esa cartografía amorosa «la capacidad admirable de quedarse con lo irresuelto y defenderlo» para saber dónde y ser conscientes del lugar de acogida.

El apartado «Correspondencia» opta por la voz directa, testimonial, que abre la palabra a las sensaciones y al rumor discontinuo de la evocación. Para la soledad, el recuerdo es un monolito que da forma al otro. Sin el rastro difuso de quien se fue, las cosas pasan porque pasan, como esos repuntes de la fisiología que justifican la tos o que conforman un ecosistema personal hecho de hábitos rutinarios. La soledad es una forma de habitar la extrañeza, ese clima que difunde en las horas su dureza invernal, que convierte una carta o una llamada telefónica en una revelación que hace soportable cualquier espera.

Las cartas proyectan hacia afuera la voz y la palabra del otro; desde París las sensaciones conllevan además de la lejanía, esa necesidad de adaptarse a otro paisaje humano, a otro ritmo vital, a otro espacio humilde que tiene las goteras del desarraigo. En ese estar trasterrado nada es pertenencia, todo invita a explorar la conciencia y a buscar calles transitables, al borde  del frío.

París es un arquetipo urbano, una ciudad que más allá de su morfología urbana, ha creado una textura sentimental que ha crecido en canciones y poemas. Así, el apartado «Bitácora» se abre con una invitación al viaje, un verso de Joan Margarit: «Esa parte de nosotros que permanecerá siempre en París». Es tiempo del reencuentro y de descubrir la ciudad como protagonista principal y escenario sentimental del abrazo. Y allí viaja ella para sortear cualquier espejismo con el paso tangible de los lugares de la memoria, siempre proclives a comparar ambos espacios.

Los poemas de Paula Giglio trasmiten una convicción de naturalidad, tienen una textura intimista, son «delgados desdoblamientos sobre la página» en la que el lenguaje no busca adornos ornamentales ni la ampulosidad de lo gratuito. Entre el presente y la evocación, comparten la sed emocional de la identidad  para disipar la niebla del yo solitario y dejar en el curso manso de lo real algunas cualidades oníricas, los valores explícitos que hacen del amor el núcleo básico de la identidad.


La risa loca de los ángeles está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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