Inicio»fila2»En torno a Reynaldo Jiménez

En torno a Reynaldo Jiménez

0
Compartidos
Linkedin Pinterest WhatsApp

si, más que amarlo en la criatura, a su dios teme,
cuando ese dios no mezcla con su barro.
desenlace, reverso desta herida, es fuente

Fragmento del poema Observación del puente del día

Entrevista con Víctor Vimos para Mula Blanca, Ecuador.

«Me doy cuenta y acepto esta actitud medio devocional ante las palabras y sus potencias, exigentes como el maestro asistemático y continuo en lo cambiante del lenguaje. No es voluntario pero tampoco involuntario despertar siempre y cada vez de pronto a una porosidad en la propia atención. Un cierto amor en fuga de jardinero ante la biodiversidad materializante —es decir íntegramente afectiva— de las palabras y sus fraseos, sus tonos y el entonar. Ello implica reconocer, explorar y cultivar las herramientas articuladoras y los recursos expresivos. Tanto los heredados mediante el inmenso legado de la poesía llamada moderna y todas las tradiciones «anteriores» que la nutrieron, cuanto aquellos que uno pudiese «inventar», si es que hay algo todavía que haya dejado de inventarse».


Entrevista con Rafael Cippolini para la revista More Ferarum, núm. 7/8, Argentina.

«El poema es un acontecimiento orgánico, respiratorio, a nivel silábico, acentual (el micromar de las sílabas de Perlongher). La relación del musgo es con el rocío: la lectura es el rocío que por reciprocidad, por ampliación de la escucha, hace intimidad sonora y connotante de esa distribución intencionada de vocales y consonantes sobre una zona de silencio umbralicio. De ahí que el oído sea el sentido principal, mediante la incantación que devuelve las sílabas al cuerpo. La recitación va implícita en el ritmo: hay que releer (en voz alta o con la voz mental) para hacer carne el verbo. Ya no es posible no (dis)poner el cuerpo al estruendo mudo trilceano, ese odumodneurstse con que Vallejo desgajó, en nuestra lengua, el sentido del significado. Y porque considero que el sentido no se disocia de lo indecible, el poema está vertebrado de silencio. Diría que la estructura del poema está dada por lo que callan las palabras, o lo que oblicuamente evocan: lo inaccesible al lenguaje instrumental o utilitario pero también a la glosa interpretativa. La busca de una lengua propia en el lenguaje común, azuza las decisiones de la composición. En esto me atengo a la concepción del artista como un acechante, o como alguien que constantemente «toma decisiones» (Cage), o como un articulador adonde lo espiritual no se disocia de la investigación consciente de los procedimientos compositivos. Un amanuense de su intuición, que puede, con algo de ayuda de la Diosa, rozar la intuición de otras personas».


Entrevista de Juan Soros y Esther Ramón para el programa Definición de savia, en Radio Círculo, España.

«Siempre estuve vinculado a la música, la pintura, el cine. Siempre me interesó todo ello y lo que escribo está atravesado de todos esos lenguajes y de la experiencia de lector, de oyente, de espectador y también de alguien que intuitivamente se mete con la música. No me considero músico, formalmente, pero sí me interesa mucho la música y lo que escribo está absolutamente nutrido de ella. Y mucho la música popular en general, te diría. La canción. Me interesa mucho el aspecto sonoro de los textos, que es algo que no siempre se considera… No sé si está siempre valorado, o si se considera a veces como una cosa más efectista, ¿no? Bueno, en ese sentido trato de mantener eso que no sé cómo denominar pero que se podría llamar, rápidamente, «poesía lírica». En el sentido, no de la expresión de un yo absolutamente recortado, pero sí en una celebración, en una actitud celebratoria, en relación a un lenguaje que esté afectivamente cargado. Pero también incluyendo la dimensión sonora, el espesor sonoro. En lo que sería el grano de la voz, implícito. Mi ilusión es que los poemas algún día se pudiesen bailar, también».


Entrevista de Silvia Guerra, Uruguay.

«Sangrado es un libro que hice con la crisis del 2001 y se me planteó esa cosa que tuviese que ver con el alma colectiva, con la tragedia, con un pensamiento por el individuo en ese contexto, la pregunta por la singularidad como el vacío en ese relieve: no la figura que viene para adelante sino el hueco que la posibilita, como una reminiscencia o un armónico de sentido al nivel de la imagen. Tenía que ver con eso y no con aludir directamente a la situación. Porque si bien está escrito desde una especie de angustia horrible, no quería hacer una cosa angustiada ni declamativa, ni asertiva, ni informativa, ni linealmente política; sino mostrar cómo emergía la catástrofe a través de imágenes que la llevaban para otro lado, la convertían en un caleidoscopio, con toda la tragedia y toda la contradicción. En varios de los poemas aparece un mendigo, que es una imagen recurrente en el libro. Cada tanto aparece un mendigo, a veces el sadhu que es el mendigo sagrado de la India, el mendicante que renuncia al mundo de la identidad social y se embarca en la identificación con el dios, que es un dios que puede ser muchos dioses, puede ser femenino, masculino, según; y que tiene que ver con no aferrarse a nada, con una incorporación de la muerte en acto. Y a veces es el linyera simplemente, el homeless, el desarrapado que huele a podrido en una sociedad muy pulcra, en un contexto adonde irrumpe. ¿Qué pasó ahí? Como el loco de la familia, el paria de la sociedad. Y no lo manejo; eso aparece solo, y aparece el mendigo que va caminando, que además yo lo veo. Yo estaba pensando en un mendigo concreto cuando lo escribí, pero no «pongo la foto» porque lo veía como un laburo no realista».


Entrevista de Pedro Favaron para la revista Agulha, Perú.

«Se sobrevalora el residuo, el texto como resultado y no tanto el proceso creativo, que a veces pasa por esos inutensilios llamados poemas, pero que involucra un constante trabajar consigo mismo. Más acá de cualquier resultado, aunque éste sea, por supuesto, importantísimo. Uno pone toda la concentración en el poema. Pero lo que se cifra ahí no se puede encuadrar. No se restringe a los límites formales. Lo poético se propaga a través del texto, se cifra en la forma, como en Nietzsche cuando alude al caos dionisíaco que recién encuentra cauce a través de la forma, la voluntad apolínea. Pasa una energía por el «objeto escrito», pero es más que eso: convoca a una conexión diferente. Existe, vinculado con todo, y trabaja el sentido a la manera de un diapasón que registra andariveles simultáneos para no adecuarse nunca a una mera descripción del mundo. El poema no añade más literatura, no surge para coagularse como acervo «cultural» ni como respaldo para cualquier tipo de sobrevaloración identitaria. Establece una huella, por otra parte casi insignificante (la menor desatención la pierde por completo), que remite a una dimensión que el punto de encaje habitual de la conciencia suele dejar de lado. Algo de lo preverbal, incluso, se filtra por la verbalidad del poema. Algo de lo informe pero no menos orgánico pasa por la forma como vibración, sugerencia, alusión diagonal. En ese sentido, puede haber una relación del lenguaje con lo alucinógeno, en la medida en que el lenguaje, en el poema, estaría disponiendo la sensibilidad para otras entradas en materia. El poema, visto bien de cerca, dejándolo resonar en la interioridad, es un ampliador de la percepción».


Entrevista de Max Ron para la revista GQ, España.

«Creo en la gestación de una lengua poética como una posibilidad de exploración interna, espiritual. Y en ese ahondamiento, sin embargo, reconozco también la insurgencia de la búsqueda exterior; es decir, la indagación por un sentido en el mundo. Escribir un poema es componer una pieza: en esa dinámica se insertan los pronombres. Son y no son entes reales. Corresponden y no corresponden a una realidad previa (o posterior). Espero contribuir en alguna medida a ampliar la realidad en vez de expresarla. Creo en la poesía automática como efecto-causa de inspiración. En tal sentido sería, contra lo que suele adjudicársele, una forma de desautomatización. Por otra parte, no me propongo subvertir ninguna forma establecida sino que me sirvo de la recombinación un poco sincrética, un poco brutal, siempre intuitiva, de tantos recursos y posibilidades que están en verdad al alcance de cualquiera».

 

Sobre el autor
reynaldo jiménezReynaldo Jiménez nació en Lima en 1959. Reside en Buenos Aires desde 1963. Ha publicado numerosas obras, entre las cuales La curva del eco (1998, 2008.), La indefensión (2001, 2010), El libro de unos sonidos. 37 poetas peruanos (2005), Shakti (2005, antología y versión portuguesa de Claudio Daniel), Ganga (2006, antología poética con selección de Andrés Kurfirst y Mariela Lupi), Esteparia (2012) y Olla de grillos (2018).

Ha traducido libros en portugués y francés. En los 80 integró la banda de artistas El Invitado Sorpresa. Con Fernando Aldao grabó La indefensión (2002) y Ex (2012), además de otras colaboraciones. Ha participado en numerosos eventos performáticos y literarios y ha dictado talleres de escritura en más de una decena de países.

Librerías recomendadas

 

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.