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El viaje de seis semanas de Mary Shelley

Fragmento de Un viaje de seis semanas, de Mary Shelley (Sabina Editorial, 2021)

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Primer prefacio

Nada puede ser menos pretencioso que este pequeño volumen. Contiene el recuento de algunas visitas improvisadas por parte de un grupo de jóvenes a lugares con los que la gente de nuestro país está ya tan familiarizada que pocos hechos que se añadan habrán escapado a tantas personas observadoras, más experimentadas y precisas, que han enviado sus diarios a la prensa. De hecho, quienes lo escriben se han limitado a poner en orden el contenido de un impreciso diario y de dos o tres cartas enviadas a algunas de sus amistades en Inglaterra. Lamentan, puesto que esta pequeña historia va a ser presentada al público, que el mencionado contenido no sea más abundante o completo. Esto será justo motivo de crítica para quienes sientan menos inclinación al entretenimiento que a la censura. Aquellas personas que hayan pasado su juventud como han hecho quienes esto escriben —con qué fortuna es lo de menos—, dedicadas a perseguir, como la golondrina, el tornadizo cenit del deleite y la belleza que adornan el mundo visible, quizá se entretengan siguiendo a pie a la autora, junto a su esposo y su hermana, a través de Francia y Suiza, y navegando con ella por el Rin y sus castillos por paisajes ya de por sí hermosos, que después de ser visitados por la autora, han sido revestidos por un gran poeta con la lozanía de una naturaleza aún más elevada. Les interesará conocerlos por boca de quien los ha visitado: Melleire, y Clarens, y Chillon y Vevai; lugares de reconocida excelencia, habitados por la imaginación tierna y gloriosa del presente y del pasado.

Quizá estas personas no hayan hablado nunca con alguien que ha contemplado con el entusiasmo de la juventud los glaciares, los lagos y los bosques, y los manantiales de los divinos Alpes; y así puedan disculpar las imperfecciones de esta narración por simpatía hacia quienes realizaron el viaje, por los sentimientos que se relatan y por la curiosidad que sientan por lugares ya señalados anteriormente como interesantes o renombrados.

El Poema titulado «Mont Blanc» fue escrito por el autor de las dos cartas desde Chamouni y Vevai. Se compuso bajo la influencia de los profundos y poderosos sentimientos provocados por los objetos que pretende describir; y como un espontáneo desbordamiento del alma, encomienda su aprobación al propósito de imitar la indomable furia y la inaccesible solemnidad de la que brotaron esos sentimientos.


Segundo prefacio

Han pasado casi tres años desde que este viaje tuvo lugar, y el diario que escribí entonces no fue muy copioso; pero en tantas ocasiones he hablado de los acontecimientos que nos sucedieron e intentado describir los lugares por los que pasamos, que no creo que omita casi ningún suceso de interés.

Dejamos Londres el 28 de julio de 1814, en el día más caluroso que se haya conocido en este clima en muchos años. No soy una buena viajera, y ese calor me produjo un gran malestar hasta que, al llegar a Dover, me refresqué dándome un
baño de mar. Como ansiábamos cruzar el canal lo antes posible, no esperamos al paquebote del día siguiente —eran cerca de las cuatro de la tarde— sino que alquilamos un pequeño barco, con la decisión de realizar la travesía aquella misma tarde, ante la promesa de los marineros de que sería un viaje de dos horas.

Hacía una tarde preciosa; apenas soplaba el viento, y las velas ondeaban en la apacible brisa: la luna se alzó y llegó la noche, y con ella, un oleaje lento y pesado y una fresca brisa dieron pronto lugar a un mar tan embravecido como para zarandear el barco con fuerza. Me mareé espantosamente, y tal como suelo hacer cuando esto me sucede, dormí durante la mayor parte de la noche, despertándome solo de vez en cuando para preguntar dónde estábamos, y para recibir la misma desmoralizadora respuesta en todas las ocasiones: “Todavía no hemos hecho ni la mitad del recorrido”.

El viento soplaba con violencia y en contra; en el caso de que no pudiéramos alcanzar Calais, los marineros propusieron dirigirnos a Boulogne. Aseguraron que estábamos solo a dos horas de la costa, sin embargo, pasó una hora tras otra y seguíamos a gran distancia cuando la luna se hundió en un horizonte rojo y tormentoso y los centelleantes relámpagos palidecieron al clarear día.

Avanzábamos con lentitud contra el viento cuando el estallido de un trueno sacudió la embarcación y las olas inundaron el barco: hasta los marineros admitieron que la situación era peligrosa, pero consiguieron arrizar la vela. Para entonces el viento había cambiado y navegamos por delante de la tempestad directamente a Calais. Desperté de un sueño agitado y vi el sol alzarse, grande, rojo y despejado de nubes sobre el muelle.

Sobre el libro y su autora
9788494703348 historia de un viaje de seis díasA la edad de 16 años, Mary Shelley se fugó con su amante, el poeta Percy Bysshe Shelley, escandalizando a la sociedad inglesa del momento. Su intención era viajar hasta Suiza, donde esperaban disfrutar del grandioso paisaje alpino, leer y escribir y vivir libres de las constricciones de la rígida sociedad británica.

Basado en los diarios que Mary Shelley escribió y en las cartas que envió a su hermanastra Fanny Imlay, el libro Historia de un viaje de seis semanas por Francia, Suiza, Alemania y Holanda se publicó por primera vez en 1817. El resultado es una lectura deliciosa y un retrato de un momento convulso en una Europa bajo los efectos de la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas y la restauración monárquica.

Mary Shelley (1797-1851) fue una mujer libre, de inteligencia brillante y una gran sensibilidad. Con tan solo 20 años ya se había convertido en una escritora reconocida. Era hija de Mary Wollstonecraft, filósofa y escritora, y de William Godwin, filósofo radical, dos célebres personalidades del mundo intelectual de finales del siglo XVIII.

Conoció a Percy Bysshe Shelley en 1814, y los ocho años que duró su relación fueron intensos y difíciles, llenos de creatividad pero también de tensiones emocionales. Tuvieron cuatro hijos e hijas, del que solo sobrevivió el último. Escribió novelas, relatos breves y artículos, obras de teatro, libros de viajes, ensayos y biografías literarias donde reflejaba sus ideas sobre filosofía de la historia, criticaba las instituciones dominadas por los hombres, defendía la relevancia política de las mujeres y subrayaba la importancia de la vida cotidiana y doméstica en la historia política. Al igual que su madre, luchó para ser independiente y consiguió vivir de su trabajo y mantener a su hijo.

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