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El último escritor de diarios

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Diary writer por Grant Snider
Viñeta de Grant Snider

 

Un cerrojito. El cerrojito de un diario tradicional. Nunca algo dispuesto a guardar y proteger fue más vulnerable a forzarlo. ¿Qué pretendía ese cerrojito? Hoy se le aplicaría el calificativo de cuqui. Su forma diminuta remitía a casas de gnomos o de menos de gnomos, que no sé lo que habrá por debajo en el ránking de seres enaniformes. Nunca supimos si su función era impedir que se abriera aquel cuaderno o pedir a gritos que se hiciera para poder acceder a los pensamientos de otro. ¿Un reclamo o un candado? A lo mejor no hay tanta diferencia.

Víctor A. Drummond solía dejar el candadito de sus diarios siempre abierto. Según su creencia ese hecho impediría que alguien tuviese curiosidad por los textos. Al morir, sus seres queridos quemaron sus diarios pero unieron docenas y docenas de pequeños cerrojos consiguiendo la forma de una especie de flor. Esa especie de flor de metal se exhibió como los diarios del autor en varias ciudades.

«Querido diario». Con esa frase hecha se empezaban muchos de aquellos soliloquios escritos. Ah, el ser humano en cuánta estima se tiene. O acaso sólo fuese autoengaño. «Querido diario». Qué familiaridad. No «estimado diario». O «a la atención de este diario». Nada de eso. Uno con uno mismo no mantiene las normas de educación. Primero conocerse. Luego ya veremos.

Las pocas personas que tuvieron acceso a algún texto de los diarios de Víctor A. Drummond aseguraban que jamás se dirigía al diario, sino que era el propio diario, mediante extraños circulonquios y particulares giros del idioma, quien se dirigía al escritor. En otras ocasiones era el diario quien se dirigía al diario, ninguneando al autor. Drummond hablaba entonces de que había días en que su diario no le hablaba, de puro enfado o por sencilla desidia o cansancio acumulado.

¿Querían las personas que escribían diarios realmente escribir para sí mismos? Un secreto ocasionalmente exhibido, mostrado apenas en la mesita de noche, ¿buscaba encerrarse o liberarse?

Víctor A. Drummond solía colocar sus famosos diarios en los lugares más insólitos. A veces en las aspas de un ventilador de techo, para que cayesen sobre algún familiar o amigo a lo largo de una tarde. Otras en la cafetera o en una olla. También dentro de la cisterna para que los encontrase el fontanero, en los alcorques de los árboles donde orinaban los perros del vecindario (y a veces los dueños); o bien los colocaba en las chaquetas ajenas o bolsos de las mujeres. En una ocasión le arrojó uno de sus diarios a un político local, confundido entre el confetti de una celebración. Quedó en el suelo, barrido más tarde por los servicios de limpieza.

¿Porqué al escribir para uno mismo se escribe con tanto cuidado? Si ya conoces el contenido, ¿es una suerte de salida del cuerpo, un verse desde fuera?

Víctor A. Drummod escribía a veces tan pegado a las hojas del diario que apenas podía entrever lo escrito. En otras ocasiones, ayudado por un palo extensible y un bolígrafo extensible, escribía desde lo lejos. En el primer caso con letra enorme. En el segundo con letra menuda. Las diversas perspectivas físicas le ayudaban a no caer en la inercia de lo ya sabido de antemano.

En tiempos de exhibicionismo constante, de redes sociales donde se cuenta cada paso que se da a lo largo del día, los diarios quedan en peligro de extinción. Su contrario, una cierta feria de la impudicia, convierte a aquellas libretas o cuadernos en objetos anticuados, como anticuado fue su propósito algo misteriosos de puerta entreabierta o de puerta entrecerrada.

Víctor A. Drummond terminó el último de sus diarios el 3 de julio de 2016. Los expertos lo consideran el último de los diarios conocidos por la humanidad. Escritor de diarios desde sus adolescencia, su volumen CCCL (350) se tiene por la mayoría como el último de un género ya perdido, salvo por ciertos sectores nacionalistas de la región de España conocida como Cataluña, que aseguran que el último diario fue escrito por la poetisa Monserrat Olaguer Feliú i Margall, natural de Vic.

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