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El totalitarismo, la guerra, el Holocausto, el exilio. Por Monika Zgustova

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Escribir en lengua ajena

Por Monika Zgustova

El totalitarismo, la guerra, el Holocausto, el exilio: he aquí cuatro fenómenos que definen el siglo XX. Y todos ellos generaron las mayores migraciones que ha vivido la humanidad. Migraciones que continúan entrado el siglo XXI, sea a causa de la guerra, como en Irak y Siria; por regímenes autoritarios, casos de Rusia y Turquía, o por motivos económicos, en muchos países del continente africano.

extraña para míPara un exiliado uno de los problemas más graves es el de verse enfrentado a diario con una lengua que no es la suya. Si no poderse expresar adecuadamente ni hacerse entender es una de las cosas más angustiosas que le puede suceder a un ser humano, en el caso de los escritores esta angustia puede ocupar el centro de su existencia. La lengua ¿es o no es una seña de identidad? Ante este dilema, los escritores reaccionaron de maneras distintas, empezando por la cuestión esencial: seguir escribiendo en la lengua materna o cambiar a la lengua de acogida. Muchos han sido y son los que optaron por el difícil camino de cambiar de lengua de expresión, empezando por el caso clásico de Joseph Conrad. Entre otros, Irène Némirovsky, Milan Kundera, Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Jorge Semprún, Tahar Ben Jelloun, Cioran y Jonathan Littell ennoblecieron las letras francesas; Emine Sevgi Özdamar, las alemanas; Nabokov y Aleksandar Hemon, las americanas.

Sin embargo, en los escritores, no todos los exilios ni los cambios de lengua obedecen a razones exteriores. También los hay que responden a decisiones libres. Los escritores de expresión inglesa generaron una importante ola de exilio voluntario (James Joyce decía que el exilio es una de las armas del escritor). También las ciudades bilingües o multilingües (Praga, Trieste, Barcelona) crearon en sus escritores una sensación de identidad incierta y de desarraigo (Franz Kafka se sentía culpable por escribir en alemán en vez de en checo, lengua más pequeña, y Juan Goytisolo apuntaba: «Catalanes en Madrid y castellanos en Barcelona, nuestra ubicación es ambigua y contradictoria, amenazada de ostracismo por ambos lados»).

Estos días se han traducido al español dos libros que analizan lo que significa cambiar de lengua para quien tiene la escritura como su razón de ser. Se trata de dos mujeres, Eva HoffmanJhumpa Lahiri, la primera exiliada por razones políticas, la segunda se enfrenta al cambio de lengua como un debate existencial.

Cambiar por obligación

El libro autobiográfico de Eva Hoff­man, Extraña para míempieza así: «Abril de 1959. Estoy junto a la barandilla de la cubierta superior del Batory y siento que mi vida se acaba. Observo a la multitud reunida en la orilla para despedir al barco que zarpa de Gdynia —una multitud que de repente está irrevocablemente al otro lado— y quiero huir, regresar, precipitarme hacia la excitación familiar. No podemos abandonar todo esto, pero lo hacemos. Tengo trece años y emigramos. Es una noción tan demoledora, tan definitiva que podría muy bien significar el fin del mundo». Así, con esta «expulsión», comienza la primera parte, ‘Paraíso’, del libro publicado originalmente en 1989. Un texto que se ha convertido con los años en un ensayo clásico sobre el exilio y la vida en una nueva lengua, como lo es también ‘Reflexiones sobre el exilio’, de Edward Said, publicado en 1984 en la revista Granta.

Eva Hoffman nació en Cracovia en 1945, justo al acabar la guerra, hija mayor de supervivientes judíos polacos. En Cracovia, Eva aprendió a tocar el piano con virtuosismo y experimentó su primer amor infantil. Sin embargo, más que por el totalitarismo comunista fue a causa del antisemitismo polaco que la autora describe con todo lujo de detalles que la familia se vio obligada a abandonar su país. De entre dos opciones, los padres prefirieron el boscoso Canadá al desértico Israel, no en vano durante la guerra el bosque se había convertido en su refugio y salvación.

En el segundo capítulo, ‘Exilio’, Eva y los suyos llegan a Vancouver, donde empiezan una vida en una nueva lengua y en un ámbito desconocido. La autora describe las percepciones que evoca en ella la sociedad canadiense de finales de los cincuenta. Si no fuera porque carecía de un hogar al que volver, la familia podría vivir el traslado como una aventura; pero la pérdida irrevocable del país natal convierte su experiencia en trágica. Los padres son demasiado mayores para cambiar su escala de valores, Eva y su hermana han perdido sus puntos de referencia y se sienten extraviadas en la nueva sociedad, tan competitiva y exigente.

Sin embargo, no queda otro remedio que adaptarse: Eva devora hamburguesas en coches descapotables llenos de adolescentes alborotadores, sale con chicos que la encuentran incomprensiblemente sofisticada y cuenta chistes que no resultan graciosos a nadie: los jóvenes canadienses no comprenden el humor de la Europa del Este. Además, Eva nota que sus compañeros apáticos desestiman su faceta de virtuosa del piano, pero aun así la conserva como parte de su identidad.

[…]

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Extraña para mí. Una vida en una nueva lengua está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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