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El loco mundo del libro. Palabra de librero (II)

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El loco mundo del libro. Palabra de librero (II)

Antes de comenzar la segunda parte 1 de esta serie sobre el mundo del libro sería bueno desmitificar y poner en conocimiento algunos puntos que muchos de los lectores y clientes de una librería no suelen tener presente:

  • El librero no pone los precios de los libros.
  • Los libros son de los pocos artículos que tienen un precio fijo e invariable.
  • Por ley, el descuento máximo que se puede hacer a un particular en libros es de un 5%
  • El libro es de los pocos artículos que tienen devolución a proveedores (en el mejor de los casos).
  • El IVA de los libros es el 4% , el súper reducido que llaman.
  • El tiempo medio (real) de llegada de un encargo varía desde las 24 horas, a los 14 días (o más), dependiendo de la localización del distribuidor (la misma ciudad o los almacenes de Amazon en los EEUU) y las existencias del libro en cuestión.
  • El beneficio medio de un librero en la venta de sus productos es de un 30% (en el mejor de los casos).
  • Las editoriales adquieren el 30% del PVP de los libros
  • Los distribuidores ganan el 20%
  • Las imprentas el 10%
  • Los autores el 10% restante (variando entre un 5% si eres novel o un 15% si eres un «súper ventas»).

Una vez leído el primer artículo de esta serie y conocidos estos puntos, intentaremos analizar la actual crisis que vive el mundo editorial y por ende el mundo de las librerías.

A la crisis económica y laboral actual, la que hace que algunos artículos de ocio «prescindibles» (como el libro) hayan disminuido sus ventas entre un 15% y un 30%, se une un fenómeno hace unos años irrumpe con fuerza: el auge de lo digital.

Desde que hace ya unos años se comenzara a hablar de las bondades del libro electrónico, éste se ha ido implantando en muchos hogares españoles. Tabletas, móviles, portátiles y sobre todo e-readers, han tenido una considerable bajada de precios; esto ha hecho que mucha gente (joven y no tan joven) se haya lanzado a leer en digital. Gente muy lectora ha pasado a leer en formato digital, con lectores digitales de un nivel de calidad muy bueno. Es un hecho: metros, autobuses, aviones, playas, piscinas… se llenan cada día con más pantallas de tinta digital. Nadie en el mundo editorial supo ver (o sí lo hicieron, pero sin darle importancia) lo que había pasado con la música o el cine: todo lo digital se puede colgar gratuitamente a disposición del público.

La música fue la primera en caer, el formato MP3 arrasó en un año con todas las pequeñas tiendas de discos en España. Pocos años más tarde, y con el aumento de la velocidad en las conexiones, le tocó el turno al cine y a los vídeo-clubs. El libro y sus agentes pudieron aprender de los errores de sus compañeros culturales, pero no lo hicieron. Se creían que la convivencia entre papel y digital sería equilibrada, que un buen sistema antipirateo como el DMR bastaría, cegados por unas estadísticas japonesas y norteamericanas que sí hablaban de equilibrio, ventas interesantes y pocas descargas gratuitas.

Pero se olvidaron que estamos hablando de España. Y no sólo porque España es el país donde más descargas se hacen, si no porque en es el país donde la cultura es más cara: cine, libros, música, teatro, tienen unos precios a la altura de nuestros vecinos europeos (incluso en ocasiones superiores) teniendo uno de los salarios más bajos de toda la zona Euro.

Conclusión: nadie compra legalmente y a través de las plataformas oficiosas los libros digitales, un porcentaje ridículo, inversamente proporcional al dinero que muchas editoriales se gastaron en digitalizar sus catálogos y ponerlos a la venta.

Es curioso cómo, aún hoy, algunos editores siguen defendiendo que el precio del libro digital y el libro en papel no debe de variar, y que el 20% ó 30% que se ha bajado el digital es excesivo. En países donde las compras y los salarios pueden ser compatibles esa bajada es aceptable, pero en países como España hay que buscar recursos y equilibrios para incentivar la compra de ebooks. Al contrario, lo que se intenta siempre es meter «contenido extra» y encarecer el producto. El ejemplo más claro y al que todo el mundo hizo referencia en su día es que la edición en digital de El Hobbit (8,50 €) era más cara que la más barata dentro de las muchas que hay en formato papel (6,95 €).

Éste es el presente y no pinta nada bien. La crisis económica y laboral está sacudiendo en un 50% la compra de libros, pero la digital está comiéndose el otro 50% de la bajada total de ventas.

Hay que hacer algo rápido y preciso, porque las pequeñas y medianas librerías lo están sufriendo, ahogadas por el descenso de ventas y la no disminución adecuada de publicaciones están en un momento agónico.

  1. Puede leer la primera siguiendo este enlace

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