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El Guernica de Picasso. Por Martin Minchom

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El arte es una mentira que nos hace ver la verdad
Pablo Picasso

¿Qué fue lo que inspiró a Picasso para pintar el Guernica? Sabemos que pocos días después del bombardeo de la villa vasca de Gernika por la Legión Cóndor el 26 de abril de 1937, Picasso se volcó plenamente en su gran cuadro. Y así nació el Guernica, una de las obras de arte más emblemáticas del siglo XX y la representación arquetípica de la capacidad de destrucción de la guerra. Gernika debe su importancia simbólica a la obra maestra de Picasso. Una y otra vez leemos acerca de esta matanza que «en los tiempos modernos no se había producido… nada semejante a esta masacre calculada y meticulosamente preparada», afirma Russell Martin en Picasso’s War, [Nueva York, Dutton, 2002, pág. 51]. Pero de hecho, antes de Gernika, sí se habían producido otros bombardeos, como los diurnos y nocturnos de Madrid, los ataques aéreos a la carretera Málaga-Almería y al pueblo vasco de Durango, y nuevamente los bombardeos de artillería de Madrid, causando en todos estos casos numerosas víctimas. Y antes de que Picasso recondujera nuestra mirada, estos ataques se engarzaban entre sí para componer un solo relato. En marzo de 1938, por ejemplo, cuando la periodista francesa Simone Téry buscaba un punto de referencia para analizar los ataques aéreos italianos a Barcelona, seguía evocando los famosos bombardeos de Madrid [Simone Téry, Front de la liberté: Espagne 1937-1938, París, Éditions sociales internationales, 1938, pág. 315]. Quiero documentar aquí una serie de reacciones personales o artísticas de Picasso a la guerra civil que demuestran que esta secuencia de bombardeos de civiles antes de Gernika, y que culminaron en Gernika, le afectó profundamente.

Picasso fue el más proteico de los artistas, y su terrible materia prima es un terreno resbaladizo desde múltiples puntos de vista. Por ejemplo, el 1º de mayo de 1937 –el día en que Picasso empezó el Guernica y la prensa francesa no apareció por primera vez en su historia– acababan de publicarse unas fotos impactantes de las víctimas del ataque contra una villa vasca, bombardeada varias semanas antes. Eran noticia aquel 1º de mayo, pero por el dilatado proceso de transmisión y edición, retrataban en realidad el bombardeo de Durango y no el de Gernika. El carácter y la fecha de publicación de este material –hasta ahora pasado completamente por alto–, lo acercan a las fuentes visuales del Guernica. Por su valor humano, por su dramatismo y las claras similitudes con el cuadro de Picasso, tuvieron una influencia directa.

Sueño Y Mentira 8 De Enero De 1937 Parte I 950

La transmisión inexacta y retrasada de las noticias; las numerosas mentiras –reales o percibidas como tales– de la prensa y de los propagandistas; la angustia ante la imposibilidad de enterarse desde París de lo que realmente ocurría en España… Intentaré demostrar que todos estos elementos no son pormenores en la relación entre el hecho y sus representaciones, sino su misma esencia. En 1936 y 1937 L’Humanité, el periódico que Picasso leía a diario, lanzó una agresiva campaña contra la prensa de derechas, llamándola «la prensa que miente, la prensa que mata» [Paul Vaillant-Couturier, director de L’Humanité: Presse qui ment, presse qui tue!… París, Éd populaire de propagande, s.f., (1936)]. Mi planteamiento es que aquella campaña nos da la clave para comprender las reacciones de Picasso a las noticias que llegaron de España.

Según una anécdota, posiblemente apócrifa, en cuanto llegaron a París las noticias del bombardeo de Gernika, se le propuso el tema a Picasso, obteniendo por respuesta que él no sabía a qué se parecía una ciudad bombardeada [Gijs van Hensbergen, Guernica: The Biography of a Twentieth-Century Icon, Londres, Bloomsbury, 2004, pág. 33]. Nunca le faltaba ironía a Picasso, y no conviene tomar sus palabras al pie de la letra. Pero Picasso sí parecía pensar que un artista tenía un poder especial para desenmascarar las mentiras mediante las inversiones y aparentes engaños de la creación artística. En 1935 se refería de una dictadura de los pintores, o de un pintor, «para suprimir a todos aquellos que nos engañaron, para suprimir a los tramposos… para suprimir la historia.»

(…)

fronterad acaba de cumplir 11 años. Lo celebramos

Este texto se encuentra íntegro en el libro conmemorativo de los 5 años de fronterad: Antolojía. Cinco años contra el ruido. Ni es novedad ni nos importa. Lo puedes encontrar —o encargar, si en ese momento no lo tienen— en cualquiera de las librerías que foman parte de nuestra cuidada red de distribución, y que os recomendamos encarecidamente.

El libro de que se trata

Leer es una forma de estar en el mundo.

Cinco años dan para pensar, para escribir y para leer. También para vivir. Es lo que hemos hecho en fronterad. Intensamente, aunque fuera casi solo en la red. Pero la cosecha ha sido copiosa. Con colaboradores en los lugares más soleados y sombríos del mundo, en los agujeros negros y en el alféizar de la literatura, la política, la ciencia y el silencio, hemos querido volver a leer lo que ocurre y lo que no se ve. Este primer número en papel, tangible, de fronterad, son casi cuatrocientas páginas. Una antolojía que desde su título homenaje a a Juan Ramón Jiménez. Tratamos de compartir nuestra brújula de perplejidades y deseos, nuestro asombro, nuestro placer y nuestra indignación, pero tratando siempre de no contribuir al ruido ambiente, desde miradores tan paradójicos como los nombres de las secciones que Google no acaba de entender: acordeón, arpa, universo elegante, sociedad del espectáculo y mientras tanto. Hemos tenido que dejar en el camino, es decir, en la finca sin lindes de la red, muchos textos e imágenes que nos han emocionado y también alumbrado. Gracias desde aquí a nuestros compañeros de viaje, que siguen empujando el carro de heno de la historia, pero también jugando con la corriente y remando contra ella. Leer es una forma de estar en el mundo, y con las palabras lo pensamos y lo volvemos a pensar. Estamos en la infancia del deseo. Vamos a seguir explorando. Se llama periodismo. Se llama literatura. Se llama escuchar el corazón atómico del mundo.

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