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El asesinato de Tene

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Tras los herrumbrosos barrotes de una celda de la cárcel de South Beach, en Moravia, puedo por fin tratar de reconstruir las circunstancias que rodearon la violenta tormenta que a punto estuvo de arrancar los tejados de muchas casas de la comarca de Dewoin, una luminosa mañana de domingo del año 1957.

La mañana se alzó sobre el hallazgo, en un sembrado de yuca, del cuerpo mutilado de Tene, la hija de una conocida familia de Dewoin, una familia que vive en Bendabli, a un tiro de piedra de Amina, el antiguo pueblo del jefe principal, a veinte millas de Monrovia, en la carretera de Bomi Hills.

Como el trueno en tiempo seco, el asesinato de Tene sorprendió a toda la región. La noticia se extendió por el campo como un incendio descontrolado. Pocas horas después del hallazgo, cientos de personas horrorizadas habían llegado al lugar para ver el cadáver. Las madres se ocuparon de llevar a sus hijas adolescentes, advirtiéndolas en estos términos:

—Ya veis, ¿eh?, cuando los mayores os decimos que escuchéis a vuestros padres, decís que estamos en una nueva era.

—Quien haya matado a esa niña es un loco… Un demonio sediento de sangre, o quizá buscaba sus órganos vitales para hacer sacrificios medicinales, observaban afligidos los curiosos, cientos de los cuales pasaron junto al cuerpo de Tene, que yacía debajo de una palmera en el centro del sembrado de yuca.

Los doce hombres del jurado nombrado por el jefe del clan local, para que examinase el cuerpo, dictaminaron que Tene había sido asesinada con un instrumento afilado, una cuchilla o un machete. Le habían rajado la garganta, y ambas muñecas hasta el hueso, y tenía un corte encima de los ojos. A juzgar por el aspecto del lugar, Tene y su asesino habían debido de luchar un buen rato antes de que a la postre aquel la dominara.

Después de mucho parlamentar, todos los ancianos estuvieron de acuerdo en que, dado el avanzado estado de descomposición del cuerpo, este debería ser enterrado inmediatamente.

—Según la tradición —observó uno de los ancianos—, no se puede enterrar a Tene en el pueblo.

El jefe ordenó que se cavase una tumba a toda prisa, y Tene fue arrojada dentro.

¿Quieres saber quién mató a Tene?

Este texto es el comienzo del relato Asesinato entre las yucas de Bai T. Moore; disponible en la generosa rede de librerías con las que trabajamos. La novala fue publicada en 2019 por La umbría y la solana.

Formalmente, Asesinato entre las yucas es un relato sencillo, tramposo y escueto, narrado en primera persona por su protagonista; un relato no muy diferente del viejo camión del camino de Bopolu: avanza a empujones y con torpeza. Este camión, prácticamente, es el único elemento relativamente moderno de una novela que, por lo demás, casi podría transcurrir en cualquier punto de la tierra posterior al descubrimiento de la agricultura. No obstante, hay cierta elegancia en la manera en que la violencia anunciada en el primer párrafo se le hurta al lector mediante la elipsis… Pero, para el lector no liberiano, el elemento formal más atractivo de la novela, probablemente, sea la propia lengua, y ello trae consigo una larga serie de obstáculos para la traducción.

Guillermo López Gallego, en el prólogo

Bai T. Moore
Bai T. Moore. Dimeh, Liberia 1916| Monrovia, Liberia 1988. Inicia su educación en una escuela misionera donde destaca en sus estudios, por lo que fue enviado a EE. UU. en 1929. Ya en ese país, se graduó en la Virginia Union University, una prestigiosa universidad para alumnos de color y en la Howard University, la llamada «Harvard negra». Estuvo en EE. UU. doce años y fue allí donde comenzó a escribir. Retornó a Liberia en 1941, dedicando su tiempo a estudiar la herencia cultural tradicional de su país al tiempo que desempeñaba varios cargos en la administración liberiana: en 1957 fue nombrado director del servicio de Liberia de la Unesco y a partir de 1986, asesoró a la Asociación Liberiana de Escritores hasta su muerte dos años después. Además de la novela que presentamos, Moore escribió un texto autobiográfico, Goah Boy in America (1937) y otra novela, The Money Doubler (1976). Publica también poesía, Ebony Dust (1962) y Voices from Grassroots (1974), que incluye uno de sus poemas más conocidos, «Monrovia Market Women».
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