Inicio»Editorial»El amor, el trabajo y el hacer lo que te dé la gana. Cómo tenerlo todo y no morir —ni matar a nadie— en un ataque de nervios

El amor, el trabajo y el hacer lo que te dé la gana. Cómo tenerlo todo y no morir —ni matar a nadie— en un ataque de nervios

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El trabajo

Hablar en público. Al principio, la dificultad que había que salvar era el conseguir no tartamudear ni sonrojarse hasta la parálisis total y la muerte de golpe por la impresión. El alcohol ayuda, apunto, por dar alguna solución comprobada y contrastada. La segunda gran complicación es no perder el hilo. No —o no solo— porque hayamos puesto en práctica lo de meterse un par de lingotazos o dos antes de empezar a perorar, sino porque, cuando faltan tablas, es sencillísimo el irse por las ramas y ya nunca más volver. Que fue justo lo que (me) pasó el miércoles pasado. Se lo voy a contar. A ver cómo me sale.

Recordarán (es un decir) que habíamos sido invitadas con motivo de la inauguración del espacio para la igualdad Nieves Torres por la asociación Candelita. Muchísimas gracias, majas. La idea era que habláramos de esto tan raro que hacemos aquí, desde «un punto de vista femenino, feminista, transparente y honesto». Todo ello. Y llevar libros, claro. Sin libros no vamos a ninguna parte. Y, sí, así empezamos, más o menos:

Me presento: soy Raquel Blanco, madre, soltera, feminista convencida, no sé si convincente, practicante, que no militante… Militante es una palabra que no me gusta mucho, alude a la pertenencia a un determinado partido político o movimiento social, y yo creo que el feminismo, o los feminismos, son muchas cosas, algunas muy diferentes. Pones a varias mujeres en una habitación, les preguntas qué es el feminismo y no se ponen de acuerdo. Y a mí eso me parece muy positivo, muy rico.

Aquí me miraba ya Carmen Oliart, socarrona, la de veces que habremos hablado de esto.

Y hago además un inciso, para que entiendan a qué me quería referir: dar o no dar la teta. Feministas en contra, feministas a favor. Otro: custodia compartida obligatoria para ambos progenitores. Etc.

Luego ya me salí un poco del guión, o mucho, qué sé yo. Les conté cómo cuando nos independizamos éramos todo editores (varones, léase) y yo. Ni una editora. «¿Y eso?», pregunta Lucía, desde el fondo de la sala, con esos ojos que me abre para pedir una explicación cuando algo le sorprende. Bueno, ya sabes, la vida, decía Carmen Martín Gaite en una entrevista que ahora no encuentro. Lo cierto es que nunca obtuve más explicación, cuando la pedía, antes de establecerme por mi cuenta, que la coletilla que se usaba para todos estos temas donde por aquel entonces trabajaba: «Es un problema mental.». Toma ya.

Luego llegó Librerantes. Albricias. Abrimos el 5 de mayo del 2015. Y empezaron a aparecer editoras, naturalmente. Porque somos más mujeres las trabajadoras del libro. Esto es así. Tal cual. Lo raro sería que en esta pequeña a la par que coqueta distribuidora de libros y más hubiera más hombres, como ocurre, por ejemplo, en el sector (esto es una chufla, disculpen si no les hace pizquita de gracia) de los Altos Directivos, que es un sector, como saben, donde trabajan (es otro decir) mayoritariamente hombres.

Y qué es Librerantes. Pues a mí me gusta decir que es una distribuidora de libros y más. Porque no solo llevamos libros a las librerías. Hacemos más cosas. Voy a intentar contaros qué. Y, para ello, tengo antes que contar un poco cómo funciona este sector, qué hace una distribuidora al uso. Así se entenderá qué no hacemos nosotras y por qué.

Librerantes hace una labor de intermediación entre las editoriales que pasan un filtro previo (nos fijamos en qué quieren publicar y por qué, en quiénes son, si será agradable el trato…) y las librerías que, por su dinámica de trabajo, su forma de entender el sector del libro, de tratar con sus diferentes agentes, incluso el público al que se orientan, van siendo también seleccionadas e integradas en la pequeña red de distribución, que se extiende, esto también, ya por todo el territorio nacional.

Se trata de un modelo de negocio completamente diferente al del resto de distribuidoras que operan en el mercado. Trabajamos, por norma, y así seguirá de momento, al menos, con no más de 25 editoriales, de una manera personalizada, transparente  y pausada. El conocimiento profundo —lo permite nuestro tamaño— de cada uno de los proyectos editoriales que la integran, de sus necesidades, ritmos de producción, etc., así como de los libros que conforman cada uno de sus catálogos, nos permiten dedicarnos de lleno y de una manera más sensata y eficaz a cada uno de los títulos.

En este sentido, nuestro modelo se sale de la lógica del mercado, no se trata de colocar cuantos más libros en cuantos más sitios mejor. Se trata de llegar a librerías especializadas que van a poder dedicar tiempo a conocer esos títulos y, por ende, a dar un mejor servicio a sus clientes: lectoras y lectores que acuden a las librerías a comprar libros, precisamente, por ese valor añadido, el de poder ser asesorados por personas informadas y profesionales.

Hacer lo que te dé la gana

Ya en harina, y sin tener mucho que ver con lo que tenía preparado, hablamos de cómo el hacer lo que te dé la gana, cuando se trata de una mujer, adquiere un significado diferente, feminista, transgresor, si se me permite, en muchos casos. Y que a mí, les decía, me parece una absoluta gozada. Digo, lo de hacer lo que le da la real gana, desde que una se levanta hasta que una se acuesta. Ser fiel a esto y a nada más que a esto. Les animo a que lo intenten, pueden empezar por sus casas, por su vida privada. Y luego ya, perdido el miedo, superado del vértigo, desatarse. A lo loco, sin pensar. Es un chute continuo de buen rollo; solo hay que pararse un minuto a pensarlo, cuando ya se ejerce, para que te suba la moral hasta los cielos. Ah, la libertad. La bella libertad.

Detalle de 9788415766292 Danza del gorrión (Libros de la resistencia, 2016)

Creo que el secreto, así concluía, para no volvernos locas de remate, es este. El ser capaces de escuchar nuestra voz interior. Y seguirla. Y no perderla nunca.

El amor

Y los libros, claro. Las editoras, más centradas que esta torpe redactora, hablaron de sus libros, ilustrando así el qué es esto que decimos que hacemos cuando hablamos de la labor de selección, del mimo y cuidado que le ponemos, ahora que ya podemos permitirnos hacerlo, a la hora de aceptar nuevas editoriales en esta casa.

La cerillera, de Pilar Martín Gila; Invierno en los alpes, de Zofia Nałkowska; El retorno, de Dulce María Cardoso; La ciencia del amor, de Helen Fisher, y Un cuarto propio, de Virginia Woolf

La becaria les hizo algunas fotos. Llenaron la plaza. Son divertidas, inteligentes, apasionadas, geniales. Muy diferentes y muy feministas. Como debe ser, ¿no les parece?

Carmen Oliart. Sabina editorial. Habló de Un cuarto propio, la única traducción en femenino del clásico de Virginia Woolf
Katarzyna Olszewska, editora de Báltica. Gracias a ella tenemos la traducción sin cortes de Invierno en los Alpes. Una novela internacional, de la gran Zofia Nałkowska
Lorena Carbajo, de Bala perdida, agarrada al poemario que acaba de publicar, La cerillerade Pilar Martín Gila,  quien tuvo la amabilidad de acudir para contarnos sobre su libro, en primicia
Feliciano Novoa, editor de La umbría y la solana. A él le debemos la publicación de El retorno, primera novela de Dulce María Cardoso publicada en nuestro país. Y eso es mucho.
Maribel Tabuenca, editora de Mapas Colectivos. El libro que le sugerí fue La ciencia del amor, de Helen Fisher. Decía que no las tenía todas consigo cuando empezó su trocito de charla; nos trajo un par de cortos que había realizado su hija para ilustrar su proyecto. Se los enseñaremos en próximas entregas. Éxito total de público y crítica.

Me gusta pensar que cuando alguien finalmente pica en el título para ver qué hay dentro luego sabe disculpar, siquiera sea porque hemos podido despertar su simpatía, el que no se dé la solución exacta que anuncia el titular. Hago notar que hoy sí que se la hemos dado. Ya ustedes verán, esto también, cómo quieren vivir sus vidas.

Gracias. Por seguir ahí. Y por leer. Sobre todo por leer.

 

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