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Después de leer a Sorrentino uno tiene la tentación de abrir todas las puertas

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¿Por qué este libro?

El peso de Dios, de Paolo Sorrentino. Víctor Olcina, editor de Stirner

Lo reconocí por primera vez una tarde de noviembre cuando apenas acababa de culminar el ascenso al punto más alto del Gianicolo. Estaba solo y exhausto y la oscuridad lo envolvía todo. En la lejanía, sólo algunos puntos de luz insinuaban el perfil de las cúpulas y los tejados de Roma. Me acomodé sobre un banco y me llevé los dedos al bolsillo de la chaqueta. Mientras encendía el cigarrillo, un golpeo limpio y duro de tacones, macizos como gotas de agua,lo llenó todo. Unos instantes después apareció la figura de una señora romana, majestuosa e indiferente, que caminaba por la acera opuesta en dirección a la iglesia de San Pietro in Montorio, bañada por la luz pálida y temblorosa de la fuente.

El peso de DiosPor una fracción de segundo, me encontré dividido. No sabía si seguirla, distraídamente, a una distancia prudencial, para ver algo más, o esforzarme en retener aquello que se perdía en la sombra.

Antes de que pudiera tomar una decisión, ya era demasiado tarde.

Reconocí al instante que aquella mujer no pertenecía al mismo mundo que el mío, pero se parecía mucho al que Paolo Sorrentino me había mostrado a través del cine y la literatura.

Parecía una invitación a entrar.

Después de leer a Sorrentino, uno tiene la tentación de abrir todas las puertas, de apartar con la mano todas las cortinas.

La obra de Sorrentino es, en realidad, una búsqueda incesante de esa anhelada abertura al otro lado de las cosas. Sus personajes aspiran al encuentro con lo maravilloso.

Es por ese motivo que su obra, en el fondo, debe más a Céline, Breton y Apollinaire que a Federico Fellini.

Así se entiende que, en El peso de Dios, Paolo Sorrentino se haya propuesto contarnos la historia del papa Pío XIII. Algunos han confundido esto con una apología o con una denuncia de la Iglesia católica. Pero no se trata de eso. Se trata de reproducir la vida a una escala que está sólo al alcance de las visiones de los grandes artistas y hombres de fe.

Ambos, religioso y artista, han renunciado a resolver las desgarradoras contradicciones de la vida. Ambos, religioso y artista, tratan de acercarse al corazón del misterio, sin alcanzarlo nunca. Ambos entienden el amor sin medida, absolutamente.

El peso de Dios es una exploración en esos términos.

Allá donde la serie The Young Pope pierde su tensión interna, allá donde parece rebasar los límites de su propia medida, El peso de Dios conserva todo su vigor y su misterio intactos, a la manera de esa señora romana, tan persistente y a la vez tan efímera como aquella tarde otoñal, desde el lado opuesto del fontanone dell’acqua Paola.


El peso de Dios está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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