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Cuerdas, ataduras, placer

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Cuerdas, comunicación, placer y BDSM

Existen multitud de imágenes, contextos y prácticas que nos erotizan, probablemente te hayas decidido a ojear este libro porque te pica la curiosidad o porque ya te ha picado y necesitas un poco de información sobre bondage y ataduras eróticas.

Breve introducción a los orígenes del bondage

Podemos encontrar antecedentes de las ataduras eróticas en las artes marciales que, como el hojojutsu (desarrollado en Japón en siglo XVI), fue una práctica que consistía en inmovilizar al oponente atándole, haciéndole prisionero. Asimismo, el arte de inmovilizar a un oponente usando una cuerda fue una de las 18 habilidades aprendidas por los guerreros japoneses, usada en el periodo Edo (siglos XVII-XIX). Algunas ataduras, por presionar sobre puntos vitales y restringir la respiración, fueron empleadas como castigo y tortura. Dependiendo de a qué clase social pertenecía el prisionero o el delito que hubiera cometido era presentado para ser juzgado con una atadura diferente cargada de simbolismo.

La transformación de lo que fue un arma de guerra en un instrumento erótico ha sido un proceso no exento de derivas y diferentes corrientes que se mezclan en este largo camino.

En el siglo XIX, Ito Seiyu, considerado el «padre del kinbaku», la acción de «atar fuerte», partió de estas ataduras que se efectuaban sobre el cuerpo de los prisioneros y las adaptó a sus prácticas eróticas, transformándolas en un elemento de placer. Influido también por el género artístico pictórico japonés denominado shunga, en el que la temática principal es la representación sexual, tomaba fotografías de su esposa atada que le servían de referencia e inspiración para sus grabados.

Kinbaku y shibari son dos términos que se emplean para designar la práctica japonesa de la atadura. Shibari literalmente se puede traducir como atadura o atado, kinbaku hace referencia al arte de atar, a la acción misma.

En occidente, estas y otras prácticas se tomaron como referentes para dar lugar a lo que se conoce como bondage (realización de ataduras), que está basado en la restricción corporal de la persona. Esta práctica puede realizarse a través de distintos materiales (cintas adhesivas, grilletes, telas, etc.). No obstante, en este libro vamos a ocuparnos exclusivamente de las cuerdas.

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La piernas que aparecen en este collage son de Esther Williams, nada menos.

Cuerdas, comunicación y placer

Existen tantas maneras y formas de excitación como personas en el mundo, independientemente de qué prácticas sexuales llevemos o no a cabo y con quién o con quiénes las practiquemos. Cada persona, desde nuestro contexto específico, desarrollamos nuestro propio mapa de deseos, nuestro propio imaginario erótico y de placer que irá cambiando, matizándose, reestructurándose, repensándose, decreciendo, incorporando, dado que no es estático.

La comunicación y el placer son la base. En la comunicación, compartimos información construyendo significados creativos, todo comunica, es un intercambio en el que experimentamos un flujo de transmisión y recepción. ¿Qué sensaciones tenemos? ¿Qué emociones atraviesan nuestros cuerpos? Sentimos placer cuando nos permitimos satisfacer nuestras necesidades plenamente: al comunicarnos, al entrar en contacto con algo o alguien que elegimos, al estirarnos, cuando comemos, compartimos, cuando fantaseamos, imaginamos y recordamos… y cuando transgredimos. Ese es el placer que obtenemos fuera del constructo normativo. Nos erotizamos de forma diversa y, en ese sentido, caben multitud de modelos en cuanto a forma de expresión, géneros, belleza, prácticas, ya sean habituales, insólitas, manidas, disidentes…

Formamos parte y manejamos un sistema simbólico de extrema complejidad. La sociedad también construye la definición de los cuerpos para que cumplan determinados objetivos, y si no eres el cuerpo que la sociedad necesita simplemente estás fuera. ¿Y si nos atamos?

Este libro trata sobre cuerdas, sobre atarse los cuerpos. Las cuerdas son para todos los cuerpos, para poder comunicarnos en el placer provenga de donde provenga, usando cuerda, actitud y cuerpo como hilos conductores y elaborando un código propio construido con nuestros gustos y límites. Pretende ser una herramienta para empoderarte y que flirtees contigo misma descubriendo lo que te pone del asunto: atar o ser atada o ambas cosas, ¿por qué no?

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