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¿Cuál es la misteriosa relación entre una palabra y su significado real?

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Hace mucho tiempo, cuando era muy joven, una voz escondida profundamente dentro de mí susurró: «No des nada por sentado. Ve y compruébalo tú mismo».

Por Peter Brook

Este murmullito persistente me ha llevado a tantos viajes, tantas exploraciones, tratando de vivir juntos vidas múltiples, desde lo sublime hasta lo ridículo. Siempre la necesidad ha sido permanecer en lo concreto, lo práctico, lo cotidiano, para encontrar indicios de lo invisible a través de lo visible. Los infinitos niveles en Shakespeare, por ejemplo, hacen de sus trabajos un rascacielos.

¿Pero qué son los niveles, qué es la calidad? ¿Qué es superficial, qué es profundo? ¿Qué cambia, qué permanece siempre inmóvil?

Esto ahora nos puede llevar juntos a través de muchas formas, en muchas ocasiones, en muchos lugares. Para empezar, ¿qué es una palabra?

Punta de la lenguaSi decimos a un niño: «Sé bueno», la palabra «bueno» tiene su significado común y corriente. Si nos alzamos sobre el nivel del suelo, la palabra «bueno» nos lleva a matices cada vez más sutiles de bondad. En francés más aún —«Soyez sage» , los padres dicen a sus hijos, usando «sage», una palabra que indica sabiduría. Hay tantas palabras que contienen tales promesas. Una tarde «divina». Lo «divino» pertenece al cielo. Usar «divino» despreocupadamente hace que lo «sagrado» pierda todo su sentido.

En las páginas que siguen, exploraremos juntos las diferencias, a veces graciosas y frecuentemente sutiles, entre dos lenguas que han convivido durante largo tiempo—el francés y el inglés.

Con Guillermo el Conquistador, la lengua de origen latino penetró en el inglés y enriqueció vastamente su vocabulario. Para nosotros, la invasión normanda fue una bendición. Por otro lado, el idioma anglosajón aparentemente nunca penetró más allá de Agincourt. Gracias a esto, el francés, con un vocabulario mucho más reducido, se convirtió en el vehículo del pensamiento puro y claro como el cristal. Debo, sin embargo, advertir al lector/a de que todos los comentarios sobre la lengua francesa en este libro se hacen necesariamente desde un punto de vista anglosajón.

Después de casi medio siglo viviendo en Francia, cuando pido algo, de un modo claro, en un comercio, la persona que me atiende hace una mueca e inmediatamente me responde en inglés. Bien sea por miedo a no entender al extranjero o bien por el dolor de oír su hermosa lengua destrozada, sus reglas precisas ignoradas. Este ha sido un punto de partida para saborear la diferencia entre dos lenguas que son como el día y la noche.

A lo largo de los años, me he preguntado cuál es la misteriosa relación entre una palabra y su significado real. Las palabras son frecuentemente una necesidad. Las palabras, como las sillas y las mesas, son herramientas necesarias para navegar por el mundo cotidiano. Pero es muy fácil dejar que la palabra, por sí misma, ocupe el primer plano. La esencia es el significado. Incluso el silencio tiene un significado, significado que busca ser reconocido a través de un mundo de formas y sonidos cambiantes.

Nuestro hábito perezoso es generalizar. Descubriremos que, igual que el átomo —una vez abierto— contiene un universo, del mismo modo, si nos demoramos con cariño en el interior de una frase, encontramos dentro de cada palabra y cada sílaba que las resonancias nunca son dos veces las mismas.


Este es un fragmento de Punta de la lengua que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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