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«Camboya es como si siempre estuvieras viajando»

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Perdidos en Camboya

Impresiones

«Camboya es como si siempre estuvieras viajando»

Phnom Penh es un festival anárquico de putas, drogas baratas y continua violencia; y todo esto con el telón de fondo de la arquitectura más sorprendente, la música más maravillosa y la historia política más miserable del planeta. Para alguien de la sociedad occidental moderna, Phnom Penh es una ciudad donde lo inmoral es aceptable y lo insano, normal.

A pesar de haber vivido en algunas ciudades importantes de Estados Unidos, Asia y Oriente Medio, durante mi estancia en Camboya me enfrenté al mundo más absurdo e incomprensible que haya experimentado jamás. Camboya desafiaba continuamente mi concepción de qué es real y qué imposible. Descubrí una calle entera llena de burdeles en barracas, en los que las chicas se vendían por dos dólares, y restaurantes en los que la marihuana es la especia preferida para sazonar las pizzas. Escuché cuentos de intriga política, violencia y corrupción que hacen que la mafia, en comparación, parezca el Rotary Club.

Por supuesto, había poco en Camboya que fuera completamente nuevo para mí. Había presenciado el crimen violento en Washington D.C, la represión política en China, había conocido expatriados disolutos en Saigón, prostitución en Bangkok, miseria en Manila y todo tipo de excesos humanos en Nueva York. Pero ninguno de ellos, ni siquiera combinados, me podía haber preparado para el desmadre de absurdos y excesos que me esperaba en Phnom Penh.

Que estuviera en Camboya aquel día soleado de septiembre fue un accidente fortuito. Dos meses antes, había dejado mi hogar en Pittsburgh para ir a Vietnam, a fin de embarcarme en lo que esperaba iba a ser una fascinante y lucrativa carrera periodística. Empecé a escribir para revistas de economía en Ho Chi Minh, cubriendo las expectativas más febriles y las tribulaciones constantes de los inversores extranjero ansiosos por conseguir entrar en la nueva «economía emergente».

Durante mis dos primeros meses en Vietnam, había escrito algunos buenos artículos y había agotado el tiempo de mi visado. Era el momento de salir del país para conseguir otro visado turista. El sitio más a mano para hacerlo es Phnom Penh, y así fue como mis ojos se abrieron a este increíble país del que muchos extranjeros han hecho su casa.

Una profesora de inglés que conocí lo resumió muy bien cuando dijo que Camboya es como si estuviera siempre viajando. Mis entrañas se retorcieron desde el día que llegué a Phnom Penh, y que pasé en un restaurante barato, escuchando a escondidas y hablando de vez en cuando con expatriados que residían en la ciudad. En sus conversaciones informales recurrentemente habían referencia sin cesar a drogas, sexo y violencia en una medida que superaba todo lo que había oído hasta entonces.

Comparados con los turistas sexuales en Filipinas o los mochileros drogatas de Goa, los residentes de Phnom Pehn alcanzan nuevas fronteras en el mercado del shock. Hablan explícitamente de sus hazañas en los burdeles como si hablaran de un día de trabajo. Hablan de meterse heroína como si fuera beber café. Todos hablan de cómo han superado totalmente cualquier convención o inhibición social o moral que pudiera reprimirles y el lugar donde empezaron a practicarlo fue siempre en Phonm Penh…


[Así comienza el último On the road de Varasek Ediciones, Perdidos en Camboya. Armas, sexo y marihuana en el lado oscuro]


Amit Gilboa nació en Israel, creció en EEUU y vive en Bangkok. Trabajar como escritor le ha llevado a lugares tan raros y exóticos como Phonm Penh (donde está escrito este libro), Saigon, Koh Kong, Koh Lipe, San Francisco y Los Ángeles. Es famoso (u odiado) por su libro de 1998, Perdidos en Camboya (Off the rails in Phonm Penh), que explora el sexo, drogas y violencia en la Phonm Penh de esa época.


Todo sobre este libro aquí.

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