Chantal Maillard, como un animal entre la hierba

Chantal Maillard: «Si constantemente estás deseando algo, no puedes vivir bien»

Nacida en Bruselas en 1951, Chantal Maillard reside en Málaga desde los doce años. En 1969 renunció a la nacionalidad belga y adoptó la española y empezó a escribir en castellano. Ahora, en la amplia y sugestiva conversación que publica Turia, se confirma su capacidad para a través de la escritura «pasar entre las formas como una animal entre la hierba, quedando tan solo la fragancia en su pelaje. Aspiro a ser el humilde aprendiz de ese animal».

chantal maillard
Chantal Maillard

Maillard tiene una trayectoria singular porque, después de doctorarse en Filosofía obtuvo una beca para estudiar Filosofía y Religiones Indias en la Banaras Hindu University. En el otoño de 1987 viaja a India por primera vez. Volverá a Benarés en sucesivas ocasiones, combinando sus estancias con la docencia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Málaga, como profesora titular de Estética y Teoría de las Artes. A partir de 1998 desarrolla una labor crítica en los suplementos culturales del ABC y de El País, traduce a Henri Michaux, difunde el pensamiento indio con diversas publicaciones y promueve la creación de asignaturas de filosofía y estética intercultural en la Universidad de Málaga. En el año 2000 su vida docente queda súbitamente interrumpida. A partir de entonces ha seguido escribiendo. En el año 2004 le fue concedido el Premio Nacional de Poesía por su obra Matar a Platón y en 2007, por Hilos, el Premio de la Crítica de poesía castellana y el Premio Andalucía de la Crítica. Ha llevado algunas de sus obras a los escenarios y ha colaborado en proyectos interdisciplinares con artistas nacionales e internacionales, tanto de las artes plásticas como del ámbito escénico, cinematográfico y musical. Este 2022 acaba de editarse su poesía reunida en Galaxia Gutenberg.

En la entrevista que Turia publica con Chantal Maillard se confirma su solvencia para analizar los conflictos del tiempo que vivimos y su preocupación por cuestiones como el dolor, la compasión, la violencia o la capacidad de convivir de los seres humanos: «No vivimos en las ideas, sino en un mundo de seres que existen con otros. Uno puede vivir solo en su cabeza, pero no existe solo. La pregunta era cómo es posible que alguien pase al lado de una persona que está agonizando sin sentirse impelido, cómo es posible no ser sacudido por el dolor de otro. […] Compadecer es padecer con otro. Terminé preguntándome si es posible compadecer a nuestra especie teniendo en cuenta la cantidad de violencia gratuita que añade a la violencia natural, que es la del hambre».

9779200015700En esta época en la que nos encontramos sometidos a demasiadas servidumbres y presiones vitales, Maillard subraya la necesidad de vivir con las capacidades y las posibilidades que los años nos brindan, la importancia de respetar el curso de la naturaleza, de evitar ese estado de efervescencia permanente: «Hay que tomar distancia de las pulsiones como se toma distancia, al final de un viaje, de lo que se ha vivido en su transcurso. Cuando la mente deja de enredarse en ellas, podemos empezar a ver con ecuanimidad. Esa es la palabra: no justicia, ecuanimidad. La ecuanimidad es calma. No se trata de reequilibrar el peso de una cosa con el de otra. Se trata de distanciarse y ver las cosas con cierta indiferencia, es decir, con cierta no-diferenciación, que conlleva la calma. En ella hay lucidez».

Reflexiona también Chantal Maillard sobre a qué llamamos barbarie porque «el desarrollo económico que preconizamos nos ha llevado a donde estamos: al borde del caos. Siempre, supuestamente, en nombre del “bien común” (a unos pocos). Es fácil poner el foco en ciertas actuaciones ajenas. Sin nuestra ayuda, sin embargo, (y gracias a ello), no pocas poblaciones han funcionado mucho más acordes con su entorno, con una economía de subsistencia que le daba mil vueltas a la economía de beneficio que hemos importado. ¿Desarrollo? ¿Civilización?… ¿De qué estamos hablando? No añadir más daño al que la vida ofrece ya de por sí me parece un principio que deberíamos seguir. No es un principio moral, sino ético».

Concluye Chantal Maillard, en la conversación mantenida para Turia con el poeta y periodista Fernando del Val, que «pensamos demasiado. Y no lo hacemos bien. Se ha de pensar o bien mediante reglas lógicas, si se trata de discurso, o bien mediante el cuerpo. Si dejásemos de querer guiarlo todo, el organismo realizaría sus síntesis con más acierto. Sería conveniente delegar en el saber del animal. El animal-en-mí acierta más y pretende menos». Sin duda, tanto los libros como las entrevistas de Chantal Maillard resultan estimulantes porque cuestionan nuestras certezas, porque sus palabras pretenden ayudarnos a que nos expresemos sin demasiados errores. En su escritura, Chantal encuentra la paz y, gracias a ella, sus lectores encontramos belleza y lucidez, lirismo y capacidad de análisis.

 

Un fragmento de la entrevista exclusiva a Chantal Maillard

El nuevo número de la revista Turia publica una amplia y reveladora conversación exclusiva con la poeta y filósofa española de origen belga Chantal Maillard. Sobre su obra se ha dicho que «aspira a encarnar el trabajo de la conciencia y al mismo tiempo a curarnos de nuestra ceguera como especie». Autora de una original y premiada obra poética, acaba de publicar en Galaxia Gutenberg el libro «Lo que el pájaro bebe en la fuente y no es el agua. Poesía reunida 2004-2020». De esa entrevista, tan original como merecedora de una lectura atenta, adelantamos hoy el siguiente fragmento:

¿Es peor el dolor mental o el dolor físico?

Todo dolor es mental. El dolor físico también, en cuanto se hace consciente. De hecho, lo que hacen los fármacos en caso de dolor agudo es cortocircuitar los impulsos que llegan al cerebro. Otra cosa es el sufrimiento. Procurar no añadir sufrimiento al dolor es lo que siempre digo.

Y somatizamos.

Por supuesto, según nuestro humor o nuestro estado mental.

Muchos problemas físicos vienen de la mente, de tensiones.

De ahí la necesidad de mantener la mente en calma. Ralentizar el proceso.

Dijo que hay que revisar las palabras y durante la conversación lo ha hecho.

Lo mejor es el silencio.

¿Le cuesta escribir?

El lenguaje me cuesta cada vez más. Lo veo muy cargado de significados, de sobreentendidos, de interpretaciones sociales… Tropiezo continuamente. Hay que pararse a pensar lo que queremos decir.

Ya no es que el lenguaje nos limite per se, porque no haya palabras…

No, no, no. Es que viene excesivamente cargado. Hay que depurarlo.

La cita introductoria de Las venas del dragón [de Bai Juyi] expresa la contradicción que supone apelar al no decir mediante la palabra.

Ahí se encuentra.

Me encuentro cada vez con menos ganas de decir cosas.

¿Tiene que ver con eso el estar reuniendo sus diarios, su poesía…?

… puede… Dejar terminadas ciertas cosas. Descansar.

Los libros que no entran en su poesía reunida, ¿no cuentan?

Puede que se recojan más adelante en algún sitio. Hainuwele, por ejemplo, no lo considero malo, pero no tiene que ver con la preocupación central de mis últimos libros. Y no se trata de reunir por reunir. ¿Para qué? Al dar una unidad tienes que prescindir. Hacer misceláneas no me interesa. Un libro ha de tener un tema, si no, el autor termina siendo el tema, y eso es contraproducente. Me gustan las cosas redonditas.

Como la circularidad de la energía.

Igual sólo es un defecto mío, un instinto de perfección [ríe].

Del perfeccionismo habría que huir.

[asiente] En el perfeccionismo hay ego. Por eso me disgusta.

Lo propio es la imperfección.

[vuelve a reír] … ¿la perfecta imperfección?

¿Limitaciones?

Pensamos demasiado. Y no lo hacemos bien. Se ha de pensar o bien mediante reglas lógicas, si se trata de discurso, o bien mediante el cuerpo. Si dejásemos de querer guiarlo todo, el organismo realizaría sus síntesis con más acierto. Sería conveniente delegar en el saber del animal. El animal-en-mí acierta más y pretende menos.

[Chantal Maillard te hace dudar de si de lo que le estás preguntando es lo que quieres saber].

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