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Textos que nos llegan

En ‘Un sujeto inesperado. Diálogo sobre filosofía y feminismo’ la autora se lamenta por la respuesta que dio a unas alumnas cuando le comentaron que esa ausencia las descolocaba y que les costaba sentirse identificadas o interpeladas ante esos sujetos siempre masculinos; les dijo que cuando los filósofos hablaban de el hombre debían sentirse incluidas

Sabemos cuáles son las grandes preguntas que atormentan a la humanidad desde hace siglos —¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Por qué la gente finge que el caviar está rico?—. Pues bien, hoy os vengo a plantear otra incógnita que, para mí, es casi tan difícil de comprender: ¿Por qué existen portadas tan feas?
Calle de Barcelona

Creo que a Juan Marsé debe de gustarle La dama de Shangai, de Orson Welles. Puede que la viera alguna vez en el Cine Roxy o en cualquiera de aquellos cines de barrio que …

Venía todos los días. Recorría toda la librería de arriba abajo. Será sólo un ratito, me decía con la mirada, pero se pasaba allí toda la mañana. Y yo, por no molestarla, dejaba …
Manhattan Panoramic

La primera vez que uno llega a Manhattan tiene la impresión de sufrir un déjà vu. Todo le resulta familiar: los rascacielos, los taxis, el humo que sale de las alcantarillas, los personajes …

Las sociedades occidentales y sus derivas destructivas Por Mª Jesús Fernández, traductora de Estuario Lídia Jorge es un nombre imprescindible de la literatura contemporánea en lengua portuguesa y, gracias a las numerosas traducciones …
El retorno [Dulce María Cardoso]

El retorno se enmarca dentro de la odisea de los que fueron nombrados con muy distintos apelativos: africanistas, colonos, ultramarinos, repatriados, desalojados, refugiados o fugitivos. De los que el Gobierno de aquel país naciente de la revolución de los claveles optó por llamar «retornados» a los que, tras la declaración de independencia de las últimas colonias portuguesas en 1975, fueron obligados de un día para otro a abandonar sus casas en Angola, Mozambique o Guinea-Bisáu. 

La cisterna del inodoro goteaba. Hacía semanas que pasaba pero la vida no le daba para más. Todo se le hacía una montaña y suerte aún, pensaba, que no tenía que empujar una piedra …

Blaise Cendrars pertenece a esa categoría de escritores a quienes aterrorizaba constatar que la mayoría de los hombres se detiene al borde de la vida. Sabía bien que, por regla general, morimos en la infancia de la personalidad. De ahí su obsesión por vivir, por una vida extática, colérica, generosa, desbordante, sedienta de ponerse a prueba en todos los caminos del mundo. Su afán llegaba a tal extremo

La poesía no me llegó hasta bien tarde. Era un género que incluso despreciaba. Por la lectura de una antología de poesía española descubrí a algunos poetas, entre ellos Rubén Darío. Entonces se produjo en mí el clic. En dos años, 98 y 99, exagerando un poco pero no tanto, me leí toda la poesía universal como un poseso (gracias para siempre, Círculo de Lectores) y hasta llegué a hacer mis pinitos, vistos