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  Paolo Febbraro es actualmente uno de los mejores poetas italianos. Tiene una mente original, compleja y laberíntica que bordea de continuo el caos, lo inaferrable y la locura, pero justamente por ello realiza acrobáticos ejercicios del más espinoso raciocinio. Explorando terrenos mentales inexplorados, o tal vez insensatos, Febbraro busca en todo momento una lógica por muy ilógica que pueda resultar. Sin embargo (y es este su constante, aunque inestable, centro de gravedad), sabe que locura y raciocinio, candor y sutileza,

La noche de san juan en la hora más ciega se aparece coronada de rosas, como una llama blanca. ¿A quién festeja, a quién busca encendida, a quién, lasciva y dulce, entregará su boca? Los que la vieron, sueñan con camelias azules estallando en las manos, con bambúes fragantes y caobas y garzas. Pero Ella, que mana de Sí misma y a Sí propia regresa, lleva en Sí todo el vino, toda la miel, el heno, la salvia y los enjambres florecidos en ojos y en caricias. Con el alma en las manos la Magna, la Dichosa, ferviente sobre atlas atraviesa la tierra, porque Ella es el mundo.

Decía el nombre de cada planta equinacea lavándula artemisa y de alguna manera se tranquilizaba. Nombrar para no quedar desnudo frente a un mundo sin nombres. Habrá que inventar una antibotánica que desdiga los herbarios la anatomía forense de las nervaduras.

El baño de la diosa Un libro que puede ayudar a mirar desde otro lado, suprimir la hojarasca innecesaria e impulsarnos a la transformación sin rompernos. Los protagonistas de los relatos que conforman este libro han sido mi aliento y empuje para vivir con más riesgo y plenitud. Todos ellos saben moverse con soltura bajo la superficie y conocen los accesos a una secreta red de metro absolutamente intuitiva. Por tanto, este libro de crónicas puede ser catalogado como una guía imprecisa solo

El libro de poemas La muerte de la televisión no será televisada habla de un aspecto de nuestra realidad, el deprimente y mal manejado mundo de la pantalla chica. Es una poesía explícita, que de manera casi burda nos desmembra esta cara de la realidad, en la que permanentemente estamos siendo bombardeados por una información basura, cada día, cada hora, cada segundo. Y que como medio de comunicación masivo, tiene cerca su fecha de expiración.

La voz del muchacho se quebró. De pronto irrumpió en llanto. Una fuente de agua caliente brotó de la tierra seca. Desde hacía semanas llevaba con soberbia una careta de hombre adulto, colocada en su rostro por un amor terco y una presunción ingenua: él era el cabeza de familia. Ahora, de pronto, se le había caído la careta y volvía a ser un niño, un niño que tenía miedo…, miedo a quedarse solo.

En enero de 1943, en un vagón de primera clase del tren procedente de Roma, viajaban seis personas cómodamente arrellanadas en las butacas rojas. En el largo pasillo envuelto en tinieblas, unas formas humanas deambulaban en la penumbra, poco dispuestas a pasar toda la noche en pie. De vez en cuando, una de ellas abría la puerta y pedía a los viajeros que concedieran de alternarse en el descanso o que, al menos, se estrecharan un poco para crear un cuarto asiento: unas escenas ya habituales que reproducían en ásperas discusiones el eterno conflicto entre justicia y derecho

Este texto, exento del cuerpo de los «Adagia» de Erasmo espera ser un homenaje al libro y al proceso editorial desde sus inicios humanistas en el Renacimiento (en el formato en que lo conocemos actualmente). Erasmo cuenta su propia experiencia trabajando codo a codo con Aldo en Venecia durante nueve meses: «Al mismo tiempo fuimos arrastrados por mi gran temeridad los dos, yo a escribir, Aldo a imprimir»

Este libro recoge poemas de algunas autoras que se han inspirado en Emily Dickinson, desde Susan Huntington Dickinson en el siglo XIX hasta hoy. Compone un juego de espejos que empareja los versos de cada autora con los de Emily, a la manera de un diálogo poético. Tenía intención de / escribirte Emily, dice Susan en el primer poema. Para cada uno de los poemas de las autoras seleccionadas, las editoras hemos elegido y hemos puesto a su lado un poema de Emily Dickinson. Son poemas que por una palabra o un verso, nos han evocado una posible hermandad. Jugamos con palabras de todas ellas e invitamos a quienes las lean a participar en este juego de dejarse tocar por la inspiración y la intuición para oír cantar a dos voces e imaginar un diálogo sin fin entre Emily Dickinson y otras, Emily Dickinson et aliae.

En este ensayo, Urbano parte de la idea del dolor individual como motor en el progreso de la especie. De una forma humorística y erudita nos muestra a la enfermedad como un dolor universal desde el que progresa la intelectualidad y el fenómeno estético.