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Ingo y Drago, La nariz de Moritz, El fantasma de palacio, La abuelita en el manzano… Los que, como yo, fuisteis ávidos lectores en la niñez probablemente recordareis con cariño, e incluso con emoción, alguno de estos títulos. Su autora fue Mira Lobe, una de las escritoras de literatura infantil más célebres y prolíficas de Austria.
Blixa Bargeld © Alexander Kondrusev

Justamente no soy un seguidor de primera hora de Einstürzende Neubauten, tampoco por edad. La primera vez que los escuché fue por casualidad en el Plástic, por la tele, a mediados de los 90: Stella Maris con
Chincharana

La historia de este libro comenzó viendo El extraordinario viaje de T. S. Spivet (Jean-Pierre Jeunet, 2013). En ella aparecía una escena en la que un vagabundo le contaba un cuento al niño protagonista. Cuando acabó la escena, todos nos miramos fijamente: «Papá, tienes que hacer este cuento».
Pesadilla

Por Teresa Rodríguez Montañés, escritora e investigadora y experta en Derecho penal y Derechos Humanos No es fácil hablar de porno en la forma desnuda en que Ran Gavrieli lo hace. Lo primero que sorprende en su discurso es esa desnudez: el reconocimiento de su propia vulnerabilidad ante el porno y su decisión de abandonarlo y combatirlo. Este profesor de universidad, especialista en estudios de género y educación sexual, y activista de los derechos humanos, se presenta ante el mundo
El taxidermista, el duque y el elefante del museo

En 1913, el duque de Alba caza un elefante en Sudán y lo dona al recién estrenado Museo de Ciencias Naturales, del que es patrono. El director del museo considera que es una tarea imposible y manda almacenar la piel; pero Luis Benedito, el nuevo taxidermista, tiene otros planes. Benedito ha estudiado taxidermia en Alemania durante años con los mejores especialistas, y no quiere dejar pasar la oportunidad de disecar el animal terrestre más grande del planeta. El museo no tiene
el-taxidermista-el-duque-y-el-elefante-del-museo-9788494798634

¿Por qué este libro? Por Paula F. Bobadilla, editora de Nido de Ratones Hace ocho años que Ximena oyó por primera vez la historia de Benedito y el elefante del Museo de Ciencias Naturales. Poco después fue al Museo y allí, junto al enorme elefante disecado, vio algunas fotos del montaje. Y se le quedó grabado en la cabeza. Durante varios años estuvo dándole vueltas, dibujando bocetos, investigando sobre los protagonistas… hasta que por fin se lanzó. El taxidermista, el

Hertha Nathorff. Traducido por Virginia Maza y con espléndido frontispicio de Carlos Forcadell Por Esther Peñas Muy buenas tardes, sean bienvenidos cada uno de ustedes, ya vosotros, a este tercer encuentro en torno a la lectura que organiza Librerantes; gracias Raquel Blanco por ser bujía, y a María y Pino por cedernos Enclave como lugar para la palabra. Hoy nos convoca Hertha Nathorff, de nombre legal Hertha Einstein, pariente del Nobel y de Carl Laemmle, uno de los fundadores de
Sor Juana Inés de la Cruz

Prólogo al lector Este volumen, cuyo altivo aliento (benévolo Lector, siempre invocado) generoso prezume, aspira osado remontarse al Celeste Firmamento. A tanto Sol eleva el pensamiento, de reverente affecto apadrinado, que a soberanas aras destinado passa a ser sacrifiçio el rendimiento. Piedoso absuelve sus indignidades, que no son en los cultos indecençia que profane Devotas atenciones. Frequentes votos hase a las Deidades, que a inmencidades de la reverencia no ay para el Cielo cortas oblaciones. Vale Enigmas de La Casa
El taco

En este calendario con forma de taco hemos encerrado 12 guerras, 26 relatos sobre árboles, 61 músicos, 12 genios de la física, 167 mujeres extraordinarias, 5 cielos de verano, 7 primaveras, 4 inviernos (y el de Arcimboldo), 98 aventuras, a Steven Spielberg, Picasso y Tilda Swinton. Ah, y a 29 inventores, 5 chismes de extraterrestres, 22 aventureros y un montón de artistas. Cuidado al abrirlo, pueden tratar de escapar. El Taco es un calendario con una historia para cada día.
Roma

¿Por qué este libro? El peso de Dios, de Paolo Sorrentino. Víctor Olcina, editor de Stirner Lo reconocí por primera vez una tarde de noviembre cuando apenas acababa de culminar el ascenso al punto más alto del Gianicolo. Estaba solo y exhausto y la oscuridad lo envolvía todo. En la lejanía, sólo algunos puntos de luz insinuaban el perfil de las cúpulas y los tejados de Roma. Me acomodé sobre un banco y me llevé los dedos al bolsillo de la