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El trabajo Hablar en público. Al principio, la dificultad que había que salvar era el conseguir no tartamudear ni sonrojarse hasta la parálisis total y la muerte de golpe por la impresión. El alcohol ayuda, apunto, por dar alguna solución comprobada y contrastada. La segunda gran complicación es no perder el hilo. No —o no solo— porque hayamos puesto en práctica lo de meterse un par de lingotazos o dos antes de empezar a perorar, sino porque, cuando faltan tablas,

Lo que quería era trazar inequívocamente el sentir real de un tiempo duro. C.D.Wright. Un gran ser (Libros de la resistencia, 2018) Fue en Enclave de libros, donde nos podrían ir ya vaciando un cajón para nuestras cosas. Las librerías acogedoras es lo que tienen: se llenan de gente. En esta ocasión nos reunimos en torno a uno de los libros más sorprendentes y conmovedores de nuestro catálogo: Un gran ser, de la poeta C.D.Wright. Pensando en cómo contarlo se me ha ocurrido

Porque las mujeres lo contamos todo Ya les decía en anteriores entregas lo que le chifla a quien hace estas notas tan así lo de ponerle título a los eventos, entre otras. Del que le hemos colocado a este acto estoy especialmente contenta (sé que suelo estar especialmente contenta de casi todo lo que hacemos, no me miren así, el entusiasmo es lo que tiene: ni medida ni proporción). Lo que cuentan las mujeres. Porque las mujeres lo contamos todo, se llama. Alude

Librerando, que no es gerundio La primera palabra que me inventé, no se me va a olvidar, mi hija también ha acabado usándola, fue freresía. Es una mezcla entre grima, algo de espanto, repelús y unas enormes ganas de salir corriendo. Por ahí anda. Debía ser muy pequeña, tanto como para que a mi madre, que era la que estaba en la casa con todos nosotros —éramos cinco, nada menos, a cuál más sucio, ruidoso y maleducado— y, por tanto, testigo

Por la orilla de Buda Se recomienda pasear en tardes de una primavera tardía por mor de los castaños. Esta orilla del Danubio que se agazapa algo temerosa al pie de las dos colinas, apenas existe. La gente suele pasear sus perros, y una vez me encontré con un matrimonio de ancianos, el caballero llevaba chaqué y sombrero de copa gris. Si a usted le gusta dar largos paseos, lo mejor es caminar a lo largo del muelle inferior desde
La potencia según Nietzsche3

Para pensar se requiere una técnica, un plan de enseñanza, una voluntad de maestría —que el pensar ha de ser aprendido como ha de ser aprendido el bailar, como una especie de baile… Esta es una de las viñetas de Max que ilustran La potencia según Nietzsche que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com
Librerantes está de vacaciones (2)

Parece que fue ayer cuando abrimos esto. Qué bien que sigáis ahí. No nos vamos de vacaciones todas a la vez; este año no cerramos… solo dejaremos de actualizar la web unas semanas. Leed mucho. Quereos más. Pasadlo mejor. *** Take us the foxes, the little foxes, that spoil the vines: for our vines have tender grapes. Song of Solomon 2:15   Qué es todo esto. Aún no lo sabemos. No con exactitud. Lo construimos día a día. Es decir,
Libros

No había aún acabado la última Feria del libro de Madrid cuando fue a vernos Silvia Ocaña, de Mujeres a seguir, para entrevistarnos. Charló con nosotras y con otras tantas «mujeres del libro», que es una expresión que a mí gusta muchísimo, por cierto, aprovechando esos días en que parece que los libros en Madrid están de actualidad. No enlazamos el texto porque solo salió en papel; os lo dejamos, íntegro, eso sí, después de estas líneas. Me gustaría volver
Venecia

En una ocasión dijo Frank Sinatra: «No se equivoquen, yo no vendo voz, yo vendo estilo». Alvise Contarini no es un historiador academicista ni un erudito a la violeta ni mucho menos un costumbrista memorioso. Pasea errabundo por las calles acanaladas de la Serenísima, ligeramente atildado, con una flor o un pañuelo florecido en la solapa, un traje por lo general claro, siempre acorde con el termómetro que marca el cielo intenso que asoma por encima de la Salute. Contarini se toma su tiempo antes de salir a la calle.

Mis proyectos me llevan a viajar mucho, y muy a menudo me encuentro cenando a solas en restaurantes de hotel. Una de esas noches en Buenos Aires, decidí amenizar mi solitaria cena dibujando. Fue quizás porque los camareros hablaban a los clientes en francés que se me ocurrió dibujar a Cocteau. Siempre me llamaron la atención su nariz y los largos dedos de sus manos. Conseguir el parecido me llevó bastante tiempo y un par de copas de vino extra. «Oh, mi querido Jean» escuché decir