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Gente de letras

Creemos que el futuro de las librerías está en los lectores y lectoras que aún están dispuestos a salir de su casa a dejarse sorprender por nuestros estantes. Independientemente de que avancemos en la difusión y venta por internet, nuestro principal objetivo es mantener esta relación personal adaptándonos a los cambios de hábitos que la dificulten. Seguirá habiendo librerías porque seguirá habiendo lectores curiosos dispuestos a arriesgarse un poco más.

Conseguir escribir un ensayo exclusivamente dedicado al verso libre, que trate todos sus aspectos y que sea divertido a la vez que extremadamente riguroso no es tarea fácil. A partir de un curso,

Marta Sanz: «Me revienta ese estereotipo de la mujer que puede con todo y no se queja por nada» La escritora Marta Sanz (Madrid, 1967) es, por derecho propio, uno de los nombres más destacados de las letras españolas de nuestros días. Cuando acaba de llegar a las librerías una nueva novela, Pequeñas mujeres rojas, mantiene para TURIA una conversación sin desperdicio con la periodista Emma Rodríguez.
Yo soy yo

«Jabberwocky» es un poema escrito por el británico Lewis Carroll, quien lo incluyó en su obra Alicia a través del espejo (1871). «Jabberwocky» es generalmente considerado como uno de los mejores poemas sin sentido escritos en inglés. Muchas de las palabras usadas en el poema fueron inventadas por el propio Carroll o son fusiones de palabras. En el libro, el personaje Humpty Dumpty da varias de las definiciones de algunas de las palabras de la primera estrofa. Carroll explicó el significado de algunas otras en obras posteriores, así como su pronunciación.1​ Algunas de las palabras inventadas en este poema (como chortled, galumphing y frabjous) se incorporaron al idioma inglés. La misma palabra Jabberwocky es utilizada en inglés para referirse al lenguaje sin sentido.

En su mano izquierda, levantada, sostenía el libro que estaba leyendo. En un momento dado el niño dejó el libro, y con los dos dedos libres de su mano derecha, el índice y el pulgar, comenzó a dibujar letras en un cuaderno que mantenía abierto con mucha dificultad. «Entonces –afirma– tuve la certeza de que estaba presenciando una verdadera pelea, y que, con el simple acto de escribir, el chaval estaba derrotando al dolor de la herida.
Metafora-Pontevedra

Hace ya unos cuantos años que trabajamos con la Librería Metáfora de Pontevedra[tooltip tip="En el número 9 la calle  Charino. Su teléfono es el 986 86 45 02. Va una nota al pie con la ubicación"]¹[/tooltip] (Gracias). Al frente, José Luis Piñeiro, librero de pro y de profesión, persona discreta, buen conversador; incluso escuchador, diría, como te da el tiempo, se detiene, te lo dedica. Algo así es. Hablas con él por teléfono y no hay prisa. Esto es raro, os cuento, a quienes no conozcáis
Javier Rodríguez

Compartimos la nueva entrega de la serie de entrevistas a libreros, esta vez con javier Rodríguez [la Librería de Javier], por María Luisa Fuentes, en el blog de La umbría y la solana***«Tendrá futuro quien monte una librería por pasión, no por ganar dinero».¿Los españoles nos interesamos poco o mucho por Portugal y su literatura?Yo creo que no. Leemos mucha literatura italiana, francesa, inglesa… pero

El Cielo antes del Telescopio explica lo que se ve a simple vista en el cielo y lo que vieron los griegos: cuál es el recorrido del Sol y las estrellas en el cielo, a qué distancia están el Sol y la Luna, por qué hay estaciones, cómo se explica el movimiento aparente de los planetas. Explica también por qué hubo que sustituir el calendario juliano por el gregoriano, etc.
Laura Riñón

Compartimos la nueva entrega de la serie de entrevistas a libreros, esta vez con Laura Riñón [Librería Amapolas en octubre], por María Luisa Fuentes, en el blog de La umbría y la solana «El futuro de las librerías depende del presente: hay que darles vida, alegría y diversión» ¿Los españoles nos interesamos poco o mucho por Portugal y su literatura?Poco. Sabemos algo de la cultura, pero de la literatura

Recuerdo seguir cierta rutina los sábados tranquilos, azules y verdes, de mi infancia: desayunaba viendo la tele y, cuando acababa el programa matinal, iba a casa de mis abuelos, que vivían justo al lado. Allí leía los dos semanarios que mi abuelo había comprado días antes: Tiempo e Interviú. Ambos perviven, desleídos, en los pocos quioscos que quedan. Tiempo informaba y opinaba, desde una óptica entre