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Paolo Febbraro (1965) vive en Dublín, aunque por motivos laborales pasa trescientos días al año en Roma. Es autor de cinco colecciones de poesía y de una extensa obra como crítico, antologador y ensayista, con volúmenes dedicados a Aldo Palazzeschi, Umberto Saba y Primo Levi. Su obra en prosa más orgánica hasta la fecha es L’idiota. Una storialetteraria (2011), a la que siguió cuatro años más tarde el ensayo Leggere Seamus Heaney (2015), conjunto de textos en prosa y versos del poeta irlandés, muchos de ellos traducidos por primera vez al italiano.

  21 LIMPIEZA A DOMICILIO Estoy esperando a que llegues, mires y camines por toda la casa como antes de desordenarla. Esperándote a que vuelvas para parecer de nuevo alguien bueno y pienses,

Terror cristiano La señorita María Jesús tenía un tío que se había suicidado. Era viejo y vivía solo y se había ahorcado. O se había ahorcado porque era viejo y vivía solo. La

¿La conciencia es realidad o ensoñación? ¿Sueño o pesadilla? Entre los versos de la poeta italiana Laura Garavaglia se cuelan todas las dudas que la ciencia, y más concretamente la física, suscita en nosotros a la hora de describir el universo que nos rodea. En cualquier caso, no estamos ante un libro hermético sino lúcido, en el que la experiencia personal, la sensibilidad y la honestidad de la autora hacen de La simetría de la nuez un camino de luz en medio de las sombras del mundo actual.

En escena, Bárbara interpreta a Maggie, protagonista de La gata en el tejado de zinc, de Tennessee Williams. —Yo… yo… por desgracia he sido tremendamente pobre toda mi vida. Esa es la verdad,

Ana Blanciana: La primera medida de autodefensa es no admitir ninguna forma de censura interior. La censura interior es lo que más me asustaba. Es algo que no acepté jamás. Precisamente porque he vivido esa experiencia, me parece que lo más grave y lo más terrible que está sucediendo hoy en día en el mundo es la corrección política, porque la corrección política es la máxima forma de censura interior y de lavado de cerebro. Yo nunca me he censurado a mí misma. Nunca me he dicho: «esto no lo puedo escribir porque no se puede publicar, porque no se acepta». Yo siempre he escrito lo que he querido. Desde el punto de vista psicológico, esto es muy importante.

¿Se podría decir como elogio a un escritor que merecería ser japonés? Acabamos de hacerlo siendo quizá pioneros en esto de achinar los ojos y amarillear la piel de forma simbólica para alabar

La luz avanza lentamente por cada habitación y los sonidos van variando a lo largo del día: los recreos de la Escuela Brasil que acompañan todo el lado izquierdo de la casa; el bramido del viento que te acerca a la locura si dormís en los cuartos del fondo; las clases de aeróbica de las seis de la tarde desde el baño de la que fue la habitación de Chiche; la bomba de agua marcando el ritmo y el recorrido de la hidratación por todos los rincones; el «Vecina, ¿quiere limones?» que durante mucho tiempo dio inicio a los almuerzos en el comedor; el ruido del tráfico desde la cocina; las cisternas y televisiones ajenas desde el estar; al menos una obra desde cualquiera de las ventanas.

[…] Es gracioso, uno empieza pensando que es retraído, sensible, inteligente, siempre humilde y un paso por detrás y todo lo demás; y entonces resulta que, a los treinta, descubre que es un gran bruto integral, incapaz de apreciar algo más sutil que un beso o una patada, que ruge sus hipocresías a voz en grito, con la piel tan gruesa e insensible como un rinoceronte. Al menos, en mi caso. Por eso nunca debes pensar que te critico a ti. Tú siempre tienes razón, incluso cuando no es agradable tenerla. Ahora, a trabajar, ¡Tocinito!

¡Hamleeet! Déjala en paz. Tu madre es así, no la pinches. Deja que sean las espinas que tiene en el corazón las que la hagan sufrir, tú no la juzgues. Y luego, digo yo, ¿por qué siempre tienes que ponernos verdes? Que si soy un obrero, que si leo Tex Willer, que si has visto a tu madre follar con tu tío, y digo yo, ¡habla de tus problemas, Hamlet! Yo cuando tuve que hablar contigo te llevé de noche, apartados, a un acantilado junto al mar.