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El lector viejo Como sucede con el cuerpo y con la mente, la capacidad lectora se beneficia del aporte de la experiencia, aunque sufre igualmente los rigores del tiempo. Por un lado se desarrolla el olfato, la capacidad de discernir entre lo aprovechable y lo que no, ese pequeño sexto sentido que a ciertas alturas evita perder el tiempo y nos guía por el camino directo al centro. Por el otro la acumulación de noticias, artículos, blogs y ficciones de

—¿Pero tú llevas libros a todas las librerías, mamá? —me pregunta mi hija hipotética. La de verdad, 15 años que me tiene, háganse cargo, no les voy a contar qué cuestiones me plantea, pero que da para una sobremesa larga lo de qué leen ahora los adolescentes y cómo, por ejemplo.

Tal vez la poesía es un estar en otro sitio. Escribirla es alzar el vuelo, liberarse por encima de las cosas, zambullirse en el agua invernal hasta tocar el fondo. El mundo debe de tener márgenes más remotos de cuanto se piensa. Los elementos son cuatro o tal vez más, y otros tantos son los mundos en los que se divide el mundo, todos por explorar, sean historia o naturaleza, mito o crónica.

se trata de la descomposición química de compuestos dentro del papel: la celulosa y la lignina, entre otras sustancias químicas. El olor del libro viejuno se deriva de esta degradación química. La lignina, además, es la causa de que acabe amarilleando el papel según va cumpliendo años; las reacciones de oxidación hacen que se descomponga en ácidos, que luego coadyuvan a romper la celulosa. A esta descomposición se le llama «hidrólisis ácida», y produce una amplia gama de compuestos orgánicos volátiles y olorosos: el tolueno y el etilbenceno, que tienen por lo visto un olor dulce; la vanilina, que huele parecido a la vainilla; el benzaldehído y el furfural, que huelen a almendras, y el  etilhexanol, que despide un aroma foral.

Cuentan muchos poetas que la poesía nació del siguiente modo: sonaba en sus oídos una frase musical insistente, al principio inconcreta y luego precisa, pero todavía sin palabras, y en algún instante, a través del fraseo musical, brotaban de pronto las palabras y comenzaban a moverse los labios. Más musical que mental, el hilo poético se cruzaba con el musical y de ese fraseo advenía el canto.

  Paolo Febbraro es actualmente uno de los mejores poetas italianos. Tiene una mente original, compleja y laberíntica que bordea de continuo el caos, lo inaferrable y la locura, pero justamente por ello realiza acrobáticos ejercicios del más espinoso raciocinio. Explorando terrenos mentales inexplorados, o tal vez insensatos, Febbraro busca en todo momento una lógica por muy ilógica que pueda resultar. Sin embargo (y es este su constante, aunque inestable, centro de gravedad), sabe que locura y raciocinio, candor y sutileza,

Cómo echar una mano. Recibíamos estos días de atrás en nuestro buzón uno de los jugosos correos de «los de Cálamo» —librería de Zaragoza de las de toda la vida, para quienes aún no les conozcáis— donde venía tan bien explicado qué es la Cuenta de librería, su sentido, cómo puede ayudar estos días a las librerías a salir del bache, algo tan sencillo, tan positivo y bonito, que no podíamos no intentar contribuir, al menos, difundiendo la información.

Este texto, exento del cuerpo de los «Adagia» de Erasmo espera ser un homenaje al libro y al proceso editorial desde sus inicios humanistas en el Renacimiento (en el formato en que lo conocemos actualmente). Erasmo cuenta su propia experiencia trabajando codo a codo con Aldo en Venecia durante nueve meses: «Al mismo tiempo fuimos arrastrados por mi gran temeridad los dos, yo a escribir, Aldo a imprimir»

La editorial Dobleuve convoca el I premio literario Eliezer ben Alantansi sobre el libro de viajes y experiencias viajeras, que se concederá con arreglo a las bases que encontraréis dentro de esta entrada. Podrán participar todos los escritores, mayores de edad, que presenten un ensayo o novela histórica, en castellano, relacionado con los viajes y experiencias viajeras que representen valores humanos, de la naturaleza y del territorio, de España o del resto del mundo.

Cuentan muchos poetas que la poesía nació del siguiente modo: sonaba en sus oídos una frase musical insistente, al principio inconcreta y luego precisa, pero todavía sin palabras, y en algún instante, a través del fraseo musical, brotaban de pronto las palabras y comenzaban a moverse los labios. Más musical que mental, el hilo poético se cruzaba con el musical y de ese fraseo advenía el canto.