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Buenas y malas librerías

El boletín del domingo

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La literatura es mentira, pero cuenta la verdad. Vamos a ello

El otro día, charlando con un editor no de la casa, surgió el tema: las librerías. Me pasa que a veces hablo de más, aún sin haber bebido vino; se me escapó un comentario sobre alguna que daba a entender que no me gustaba. «Qué es para ti una buena librería», me espetó, en ese tono de qué sabrás tú sobre librerías o sobre nada, mona, el sr. editor. La cosa es que me puse nerviosa y ya no atiné. Es así de fácil hacer que me calle. A él, una autoridad en la materia, por supuesto, le había gustado de siempre, me puso de ejemplo, la Librería Méndez, la de la calle Mayor de Madrid. Ahora ya no, porque por lo visto han colocado torres a la entrada con las novedades de los grandes grupos editoriales. Antes podías descubrir cosas nuevas, raras, no tan habituales, digamos. Cosas que molaban. Libros a los que puedes hacer una foto y conseguir así más amigos pintones en las redes sociales, o follar a lo John Waters. El no va más de una librería. Ahora el espacio que se dedicaba a aquellos libros había desaparecido, había sido engullido por las novedades de editoriales treinta veces más grandes que la del sr. editor, al que ya no le gustaba tanto la librería Méndez. Bueno.

Qué es una buena librería

Pues bien, en diferido entonces: a mí me parece que una buena librería es la que es rentable económicamente; la que no va a cerrar, por tanto, paga bien a sus proveedores, a la gente que trabaja en la librería. Entiendo que esto es lo fundamental. Que ya os estaba viendo venir, verás esta, que nos va a ensalzar a librerías que tienen los libros que ella misma ha seleccionado. Pues no. Qué me soluciona a mí, o a cualquiera de las editoriales con las que trabajo, el tener todo el fondo en una librería si luego la librera o el librero que la lleva ni lo conoce ni, por tanto, lo sabe vender, recomendar. O si lo vende y luego no nos paga. O si le envías libros, los va vendiendo, pero no le da la vida para pasarnos nota con esas ventas a facturar (que esta distribuidora es como funciona: les presta los libros, hasta que los venden).

Conocer las novedades editoriales lleva mucho tiempo, se publica una cantidad indecente de libros al año, no todas las librerías se pueden permitir el dedicarle a la selección el tiempo que se necesita. Esto es así. Y es por lo que nuestros libros están bien colocados, a la vista, en tan poquitas mesas de novedades. Mesas de novedades de lugares a los que hacemos la ola cada domingo, entonces, cómo no vamos a estar así de agradecidas, así las cosas.

Una buena librería, en fin, es la que es viable económicamente. Todo lo demás son, si me lo permite el señor editor, memeces, o una pose, que es todavía peor si no se es una rubia es-pec-ta-cu-lar.

Y luego cada una en su casa y Dios en la de todas. Esto es lo que opino yo del asunto. Gracias por dedicarme este ratito.

 


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