Archivo de Autor - Asociación Cultural Zibaldone

Paolo Febbraro (1965) vive en Dublín, aunque por motivos laborales pasa trescientos días al año en Roma. Es autor de cinco…

¡Hamleeet! Déjala en paz. Tu madre es así, no la pinches. Deja que sean las espinas que tiene en el corazón las que la hagan sufrir, tú no la juzgues. Y luego, digo yo, ¿por qué siempre tienes que ponernos verdes? Que si soy un obrero, que si leo Tex Willer, que si has visto a tu madre follar con tu tío, y digo yo, ¡habla de tus problemas, Hamlet! Yo cuando tuve que hablar contigo te llevé de noche, apartados, a un acantilado junto al mar.

Tal vez la poesía es un estar en otro sitio. Escribirla es alzar el vuelo, liberarse por encima de las cosas, zambullirse en el agua invernal hasta tocar el fondo. El mundo debe de tener márgenes más remotos de cuanto se piensa. Los elementos son cuatro o tal vez más, y otros tantos son los mundos en los que se divide el mundo, todos por explorar, sean historia o naturaleza, mito o crónica.

Hace algo más de tres años dedicamos un extenso monográfico de la revista Zibaldone. Estudios Italianos a la última poesía italiana bajo el título Veintidós poetas para un nuevo milenio (vol. V, issue 1, enero 2017). Durante el proceso de selección de autores y textos que conformaron la antología –limitada, por motivos de espacio, a veintidós poetas nacidos entre 1960 y 1980– constatamos dos fenómenos que pensamos caracterizan parte de la actividad poética italiana actual. Por un lado, la práctica desaparición de una crítica militante, por lo general desapercibida en medio de los ya de por sí escasos espacios que se otorgan a este género en los suplementos literarios que hay en el mercado, muchos de ellos convertidos en una especie de micro-expositores de carácter testimonial o, en el peor de los casos, en simples escaparates publicitarios.

  Paolo Febbraro es actualmente uno de los mejores poetas italianos. Tiene una mente original, compleja y laberíntica que bordea de continuo el caos, lo inaferrable y la locura, pero justamente por ello realiza …

Tenía razón mi padre ́«mbarat’ nu’ mstier’, ́mbarat’ nu’ mstier’», que en danés quiere decir aprende un oficio, «si no, hijo mío, ¿qué vas a hacer?» Papá, pero yo quiero ser actor.

Si no hubiera cerrado los ojos para mirar dentro de mí, habría seguido viviendo en la envidia, en el arribismo, en la competitividad. La ceguera ha supuesto mi felicidad, me ha liberado dándome la fuerza de vivir por un trabajo altruista, por pasión. El escenario ha sido mi salvavidas

¿Y si reinterpretar Hamlet fuera una oportunidad para hablar de la propia ceguera, de la irresistible pasión por el teatro y de la crisis creativa? ¿Y si en cada Hamlet se pudiera volcar la historia de tu pareja y la particular relación con el padre? ¿Y si la invidencia, como en el caso de Gianfranco Berardi, no supusiera un impedimento físico sino una herramienta para desenmascarar las vanas apariencias de la realidad?
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Juan Pérez Andrés nos abrió generosamente las puertas de Zibaldone  y gracias a ello hemos tenido la suerte de poder acceder a una minuciosa descripción de sus colecciones