Archivo de Autor - Raquel Blanco

El exabrupto: Quién tiene tiempo para el amor. Leyendo el texto que nos ha enviado Maribel Tabuenca, editora de Mapas Colectivos, sobre el librito que acaba de publicar y que recoge las palabras de Carmen Alborch en el VI Encuentro de mujeres que transforman el mundo me he acordado de algo que le escuché a uno de estos periodistas o comentaristas o tertulianos —no sé cómo llamarlo, la verdad, las fronteras en estos casos son así de difusas— sobre la entonces Ministra

Ha sido por algo peor que el descuido: un cansancio anticipado de todo, incluido el placer de escribir Argumentos para películas. Fernando Pessoa (La umbría y la solana, 2017) Me invitan muchas veces a dictar conferencias o donde esa, pero la verdad es que no me paseo por el mundo con una conferencia bajo el brazo, ni me gusta llevar conferencias escritas. Y tengo siempre la preocupación de que el escritor fulano (yo) no pase por este o aquel sitio

—¿Pero tú llevas libros a todas las librerías, mamá? —me pregunta mi hija hipotética. La de verdad, 15 años que me tiene, háganse cargo, no les voy a contar qué cuestiones me plantea, pero que da para una sobremesa larga lo de qué leen ahora los adolescentes y cómo, por ejemplo.

Hoy voy a empezar dando las gracias —de verdad, de corazón— a los editores y a las editoras con las que trabajamos. Si es cierto que es gracias a las librerías, a su generosidad y paciencia, sobre todo, que podemos hacer esto que hacemos, no es menos cierto que sin los libros y sin el apoyo y la confianza de los y las que los hacen, esto que hacemos sería imposible. No solo más ingrato. Imposible. Tal cual. Los libros

La mejor escuela No hay mejor escuela, para esto de intentar vender libros, de verdad, editor o editora novato, a ti te lo digo, que sé que me lees, o me gustaría que lo hicieras, mejor, que una librería a cargo de una persona que lleve su vida trabajando en ella. No me refiero, entonces, a cualquier librería. Me refiero a una ya de cierta importancia, asentada, próspera, diría, dentro de lo que cabe; cargadita de libros, aun de fondo

El trabajo Hablar en público. Al principio, la dificultad que había que salvar era el conseguir no tartamudear ni sonrojarse hasta la parálisis total y la muerte de golpe por la impresión. El alcohol ayuda, apunto, por dar alguna solución comprobada y contrastada. La segunda gran complicación es no perder el hilo. No —o no solo— porque hayamos puesto en práctica lo de meterse un par de lingotazos o dos antes de empezar a perorar, sino porque, cuando faltan tablas,

Lo que quería era trazar inequívocamente el sentir real de un tiempo duro. C.D.Wright. Un gran ser (Libros de la resistencia, 2018) Fue en Enclave de libros, donde nos podrían ir ya vaciando un cajón para nuestras cosas. Las librerías acogedoras es lo que tienen: se llenan de gente. En esta ocasión nos reunimos en torno a uno de los libros más sorprendentes y conmovedores de nuestro catálogo: Un gran ser, de la poeta C.D.Wright. Pensando en cómo contarlo se me ha ocurrido

Porque las mujeres lo contamos todo Ya les decía en anteriores entregas lo que le chifla a quien hace estas notas tan así lo de ponerle título a los eventos, entre otras. Del que le hemos colocado a este acto estoy especialmente contenta (sé que suelo estar especialmente contenta de casi todo lo que hacemos, no me miren así, el entusiasmo es lo que tiene: ni medida ni proporción). Lo que cuentan las mujeres. Porque las mujeres lo contamos todo, se llama. Alude

Librerando, que no es gerundio La primera palabra que me inventé, no se me va a olvidar, mi hija también ha acabado usándola, fue freresía. Es una mezcla entre grima, algo de espanto, repelús y unas enormes ganas de salir corriendo. Por ahí anda. Debía ser muy pequeña, tanto como para que a mi madre, que era la que estaba en la casa con todos nosotros —éramos cinco, nada menos, a cuál más sucio, ruidoso y maleducado— y, por tanto, testigo

Por la orilla de Buda Se recomienda pasear en tardes de una primavera tardía por mor de los castaños. Esta orilla del Danubio que se agazapa algo temerosa al pie de las dos colinas, apenas existe. La gente suele pasear sus perros, y una vez me encontré con un matrimonio de ancianos, el caballero llevaba chaqué y sombrero de copa gris. Si a usted le gusta dar largos paseos, lo mejor es caminar a lo largo del muelle inferior desde