Archivo de Autor - Raquel Blanco

—¿Pero tú llevas libros a todas las librerías, mamá? —me pregunta mi hija hipotética. La de verdad, 15 años que me tiene, háganse cargo, no les voy a contar qué cuestiones me plantea, pero que da para una sobremesa larga lo de qué leen ahora los adolescentes y cómo, por ejemplo.

se trata de la descomposición química de compuestos dentro del papel: la celulosa y la lignina, entre otras sustancias químicas. El olor del libro viejuno se deriva de esta degradación química. La lignina, además, es la causa de que acabe amarilleando el papel según va cumpliendo años; las reacciones de oxidación hacen que se descomponga en ácidos, que luego coadyuvan a romper la celulosa. A esta descomposición se le llama «hidrólisis ácida», y produce una amplia gama de compuestos orgánicos volátiles y olorosos: el tolueno y el etilbenceno, que tienen por lo visto un olor dulce; la vanilina, que huele parecido a la vainilla; el benzaldehído y el furfural, que huelen a almendras, y el  etilhexanol, que despide un aroma foral.

Festina Lente. El adagio «Aldo esta erigiendo una biblioteca cuyas fronteras son las fronteras de la tierra». Nos llegaba estos días a nuestro pequeño a la par que coqueto almacén Festina lente (Apresúrate despacio), librito (103 mm x 149 mm) que ve la luz tras alguna peripecia que nos encantaría contar, pero que no nos dejan. Festina Lente (adagio latino comentado por Erasmo de Rotterdam y que es, en parte importante, un elogio al trabajo de un editor que sentó

Pues bien, pensando pensando, se nos ha ocurrido usar este canal para que les compréis los libros a las librerías. Nosotras nos ocupamos del envío. Aquí el listadito de las que forman parte de nuestra red de distribución. Aquí los libros que podéis pedirles (los que forman parte de nuestro catálogo). Se lo compráis a la librería, la librería nos lo pide, y nosotras os lo enviamos. Limpio, fácil, positivo. Todo el mundo gana, el mejor de los negocios. A la librería le vamos a cobrar nada más el sobre y el sello, un euro; esta agerrida distribuidora pone todo lo demás, a saber: la confección del paquetito, un marcapáginas molón y un par de buenas piernas para acercar los pedidos que nos lleguen desde las librerías a la oficina de correos de la calle Mar Caspio de Madrid, que está haciendo una labor que es como para hacer aquí la segunda ola (¡mil gracias!).

Cómo echar una mano. Recibíamos estos días de atrás en nuestro buzón uno de los jugosos correos de «los de Cálamo» —librería de Zaragoza de las de toda la vida, para quienes aún no les conozcáis— donde venía tan bien explicado qué es la Cuenta de librería, su sentido, cómo puede ayudar estos días a las librerías a salir del bache, algo tan sencillo, tan positivo y bonito, que no podíamos no intentar contribuir, al menos, difundiendo la información.
Fiesta de Reinas Magas en Librería Mujeres [Madrid]

Todo aspecto de nuestra sociedad, toda institución es desafiada. La estructura política, los establisments médicos y educativos, la economía, la familia, la religión, el lugar de trabajo, todos están sometidos a juicio. No tenemos mapas colectivos

Lo peor de este trabajo es la sensación de no poder llegar a todo. Porque esto es muy chico, claro. Muchas ganas, poquitos recursos. No me quejo, ojo. Hago algo que me gusta y como me gusta. Y, de momento, aquí seguimos. Sí es verdad que me gustaría tener más tiempo para comunicar, por ejemplo y entre otras, para contar sobre los libros que nos llegan, sobre las editoriales, las personas que están detrás de todo. Las anécdotas; algunas muy

Creemos firmemente en que la cultura es transformadora y fundamental para construir una sociedad mejor. Nuestras vidas giran alrededor del libro, no sólo como libreros que ahora somos, sino como editores que hemos sido y como autores que también somos poniendo en circulación periódicamente nuestras propias «criaturas».
Metafora-Pontevedra

Hace ya unos cuantos años que trabajamos con la Librería Metáfora de Pontevedra¹ (Gracias). Al frente, José Luis Piñeiro, librero de pro y de profesión, persona discreta, buen conversador; incluso escuchador, diría, como te da el tiempo, se detiene, te lo dedica. Algo así es. Hablas con él por teléfono y no hay prisa. Esto es raro, os cuento, a los que no conozcáis el ritmo frenético de este sector, del mundo del libro, la forma en que habitualmente nos atienden en las librerías a los comerciales, distribuidoras, a los cientos de proveedores en algún caso. Podría contar con los dedos de una mano las librerías a las que se puede llamar y encontrar, a media mañana, una mañana cualquiera, alguien con quien conversar sobre libros, viajes, nuevas editoriales, lo último que se ha leído, lo que se va a leer. No es lo habitual. Ni de lejos. La norma es la falta de tiempo, los asuntos pendientes, ese ir a la carrera en pos de sabe Dios qué, inasible, inalcanzable.

Es verdad que a veces no lo es. A veces le dan ganas a una no ya de invadir Polonia, que decía Woody Allen, sino de arrasarla y no dejar más que desolación y espanto al paso de servidora de todos ustedes, a ver si así se asustan los malos de una vez por todas y se comportan como es debido, hombre ya, al compás de Wagner o no. Me dé Dios paciencia y no una recortada. Ah, pero otras…