Archivo de Autor - Newcastle
televisión

En diciembre de 1963 mi padre compró un televisor alemán de la marca Körting, algo que en principio no parece extraño, si no fuera porque en Canarias, donde vivíamos, aún no habían comenzado las emisiones de la televisión, por lo que a veces lo encendíamos, nos sentábamos delante de él y nos poníamos a ver una nieve en blanco y negro, que parecía caer sin descanso, haciendo un ruido parecido al de los

Una sensación de leve molestia distingue mi recuerdo más temprano. La persiana está echada, el cuarto completamente a oscuras. Es de noche. Aún no debe de ser muy tarde: siempre me acuestan pronto, tan pronto como se ha puesto el sol. Me han dejado solo en la cuna, protegida a los pies y en sus dos flancos por altas barandas metálicas. En aquel momento me examino a mí mismo desde lo alto, en un plano

Al principio se quiso enclavar a Émile Michel Cioran en el movimiento existencialista, pero el existencialismo, pese a su dureza, perseguía algún propósito moral, alguna forma de compromiso. Cioran, para quien Sartre era «un hombrecillo de ideas y vida patéticas», y que dijo del terrible Eclesiastés bíblico que le parecía «demasiado ingenuo», excavaba aún más hondo, quería (o no podía evitar) llevar la negación y la duda hasta sus últimas consecuencias: desenmascarar a todos los ídolos, demoler todas las ilusiones, no aferrarse a ninguna certeza. Para él, toda la filosofía
Gauguin

El cacique de Parará Purú me contó antes de irme que en la década de los sesenta, aprovechando su control sobre el canal y las zonas limítrofes, en los seis o siete años anteriores al golpe de estado del cual salió Omar Torrijos convertido en líder de la revolución panameña, estados Unidos no sólo solidificó el prestigio de la academia de las américas (donde se enseñaban métodos de tortura, asesinato y represión a futuros presidentes de Latinoamérica, como volar sin
Manuel Moyano

Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, la vida es poco más que eso, Julio, supongo que te haría gracia encontrar tu tumba sembrada de rosas, guijarros y caracolas, leer las notas que otros fueron dejando en ella desde el comienzo del verano, escritas en papelitos rayados o directamente sobre la lápida, al carboncillo, como efímeros grafitis que borrará la lluvia. «Jalepa ta kala, y mate amargo. Cronopio, sos mi baldosita preferida», firma Larissa. «Julio de mi
María Yuste

Mi madre estaba embarazada de mí cuando mis padres compraron nuestra casa frente a la estación de tren. Y en pleno parto se mudaron de un edificio medio en ruinas en el centro del barrio a esta zona en extensión donde antes se había erigido la industria de la ciudad. Concretamente, nuestro edificio lo levantaban sobre el terreno de unos antiguos hangares de la Renfe. La vivienda, de protección oficial, la construía un tal Francisco González que remataba su prestigio inventado con la comodidad de una cocina amueblada (a excepción