Archivo de Autor - Índigo editoras

La luz avanza lentamente por cada habitación y los sonidos van variando a lo largo del día: los recreos de la Escuela Brasil que acompañan todo el lado izquierdo de la casa; el bramido del viento que te acerca a la locura si dormís en los cuartos del fondo; las clases de aeróbica de las seis de la tarde desde el baño de la que fue la habitación de Chiche; la bomba de agua marcando el ritmo y el recorrido de la hidratación por todos los rincones; el «Vecina, ¿quiere limones?» que durante mucho tiempo dio inicio a los almuerzos en el comedor; el ruido del tráfico desde la cocina; las cisternas y televisiones ajenas desde el estar; al menos una obra desde cualquiera de las ventanas.

Insisto en ser inentendible, incomprendida, ignorante. Soy el volcán. Me trago la ofrenda para la tierra. Estoy preparada para salir. Escribir un diario me sostendrá el piso, me dará de comer en la boca. Todas mis necesidades quedarán en medio del misterio. No sé qué va a pasar conmigo.