Archivo de Autor - Eva Hermann

De todas las mentiras la literatura es mi favorita¹ Los pintores, los filósofos, los poetas, pero también los novelistas e incluso los inventores y los sabios alcanzan todos la verdad por los atajos

Giorgio y el arte de cocinar tortillas «Me gusta porque toca el piano», le he dicho a Sarita, la niña mayor de Virginia. A mí los chicos que me han gustado de verdad,

«Mal». Temía que contestara algo así en cuanto apareciéramos por la puerta, al preguntarle qué tal. Iba con Virginia; estaba escribiendo un artículo sobre la gentrificación del barrio de la Latina, «le sacas,

A G., que piensa de verdad que el cine está sobrevalorado. Cuando he llegado, Rita estaba regando las plantas. Ha conseguido colocar unas cuantas macetitas en el patio de su casa, que no es,

Iba andando por la calle, pensando en C., en cómo me sonríe cuando le cuento cualquier bobada; me mira de esa manera y es con un chute, me activa, me anima, me hace

Cuando he llegado Virginia estaba echando espumarajos por la boca: «…una pija gilipollas del barrio de Salamanca. Dependiente emocional, ¡y lesbiana!». «Mujer, qué tendrá que ver que fuera lesbiana», le decía Rita, sin convicción

El viento de la gracia. Una borrachera de Virginia A John Wayne Pues regular. O mal. Qué pregunta. Lo he pensado, no se lo he dicho. Lo que le he dicho ha sido:

Cuando he llegado había una señora muy muy loca. Quiero decir que estaba dando voces, que incluso podíamos adivinar, todos los presentes, incómodos, cansados, impacientes,  y aquello parecía que no iba a acabar

Había un montón de chiquillos en el parque. Gritaban como si no hubiera un mañana. Por qué gritarán tanto los niños, a quién. Será que necesitan que sepamos que están ahí, alcanzarnos con

«Yo he pasado muchísima hambre, no te haces una idea. El hambre era lo peor. Y las palizas, mi padre ya me dio alguna, se ponía muy nervioso, como bebía, y atemaba contra