Archivo de Autor - Bala perdida
Si hablaran los días

Y el amor, como el arte, suele producir un efecto similar: nos obliga a hacernos preguntas (para las que rara vez hallaremos respuestas), a cuestionar nuestras existencias (con nuestras filias y nuestras fobias, nuestros miedos y nuestras pasiones, con nuestras ridículas obsesiones que siempre nos parecen de capital importancia, porque mi ego quiere ser el rey), a cuestionar el mundo en el que vivimos

La presentaban como una mujer brillante pero a la sombra de Edgar Neville. A menudo la llamaban también «musa excéntrica», cosa que solía hacerse cuando una mente no encajaba en los patrones habituales. Hay libros estupendos sobre Neville pero, que yo sepa, ninguno tan completo en torno a Conchita Montes como Una mujer ante el espejo, de Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo, publicado en Bala Perdida ¿Quién era Conchita Montes? Una mujer afortunada, una mujer valiente, una persona fascinante, una maravilla capaz de robarle el corazón a Edgar Neville (¡qué personaje, oigan!)

La niebla ha borrado el paisaje, el océano. Esto no se lo esperaba. Parece una señal, un mensaje: ¿buscabas el mar? Ya no está, ¡no lo hagas! Ahora estás ciega. A tientas, no tendrás valor. Pero Antía sabe que las señales siempre estarán ahí para quien quiera verlas, que detrás del suceso más insignificante, quien lo precise hallará las explicaciones que busca, mensajes cifrados del universo.

Me asomo a este Almario con sigilo, y entro en él como todos deberíamos entrar en cualquier aventura. Sin saber. Sin conocer. Sin una opinión creada por otro que contamine mi criterio, e intuyendo la sorpresa después del punto final de cada cuento. La única referencia que tengo antes de comenzar se la debo a mi planeo rápido sobre las palabras y las ilustraciones que salpican la obra, así como la acertada elección de cada título, señal que me alerta de la importancia de este manuscrito.

En la literatura no existen las paredes y, por lo tanto, nada separa la realidad de la ficción. Siguiendo ese camino, la buena poesía es la que consigue reflexionar a la vez sobre el autor y sobre sí misma, y hacerlo en público, de modo que veamos pelear, todas contra todas, a cada una de sus palabras, y cómo ganan el combate las más fuertes.
Conchita Montes

Llevamos ya varios años dando vueltas alrededor de La Codorniz. A la revista del pájaro reservamos el espacio de honor de la mesilla de noche, pero entre sus páginas, como en la película aquella de Woody Allen, también escondemos otras cosas como Cucú, Don José y Don Venerando. Y es que cualquier cosa en la que escriban nuestros humoristas preferidos nos parece siempre bien.

Han pasado varios días y aún no le encuentro explicación. No hay, diré, un hilado lógico, coherente, en aquel razonamiento. Si acaso lo puedo llamar así, claro. Creo que lo correcto sería decir en aquella asociación. Asociación de ideas, de imágenes, no sé de qué. Le he dado varias vueltas, pero no he sido capaz de dar con la razón, el motivo, la conexión que me indujo a pensar en los gayumbos de Pablo Iglesias

Una delicia de libro, el número 9 publicado por la Editorial Bala Perdida en su colección En la diana. Conchita Montes: una mujer ante el espejo. ¿Quién era Conchita Montes? Una mujer afortunada, una mujer valiente, una persona fascinante, una maravilla capaz de robarle el corazón a Edgar Neville (¡qué personaje, oigan!)
Pilar Martín Gila

No la oyes porque ya lloró hace años, donde ya no pasa el camino. Hoy apenas alcanza un sueño. A los pies de la cama. Todo ha cambiado de lugar para escucharte. Es el corazón, la debilidad. El sentido es lo que no podemos recordar entero. Todo iguala un viento oscuro. Pero distinguimos entre lo mismo, un minuto y otro, un minuto y otro. La cerillera está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en

55 ¿Qué orden puede haber en este caos de versos? ¿Por qué te empeñas en creer que siempre hay una causa, una consecuencia, un objetivo? Abre los ojos. Esto es la vida. Así, desnuda. La vida caótica que hay que disfrutar como llega, como este verso inolvidable detrás de una página que has leído por casualidad una tarde cualquiera y que, sin saberlo, te acompañará toda la vida, tu más fiel recuerdo, el más cercano, el más personal por más