Angola acabó.

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El retorno

Por Esther Peñas

Muy buenas tardes, sean bienvenidos a este cuarto encuentro organizado por Librerantes, con Raquel Blanco como antorcha y Enclave como sala de estar con brasero y mesa camilla. Hoy nos convoca un libro espléndido, El retorno, de Dulce María Cardoso, editado por La umbría y la solana con la traducción de Jerónimo Pizarro. Lástima que los hados no se han alineado a nuestro favor, porque la autora está hoy aquí, en Madrid, presentando su último libro, así que esa fatal coincidencia –para nosotros, feliz para quienes la estén acompañando en este instante- la impide compartir velada. Tenemos a Feliciano Novoa, editor del texto, que no es trucha pequeña.

La novela, esto ya lo saben, cuenta la historia de una familia portuguesa que debe huir atropelladamente de Luanda (Angola), días antes de que se proclame la independencia de Portugal, el 11 de noviembre de 1975. «Angola acabó. Nuestra Angola acabó», dice uno de los protagonistas. Se abre esta huida forzosa, este exilio de una familia, en la intensidad del equipaje a punto, en un compás de espera en el que aguardan la llegada del tío , del que sabemos que tiene los labios en forma de corazón, y que le gustan los hombres y esos es algo que no se digiere. Tío Zé está con los negros, a los que quiere ayudar «a formar una gran nación».

El retorno [Dulce María Cardoso]En mitad de ese retraso, el tío Zé no llega, qué le habrá podido ocurrir al tío Zé, un destacamento de soldados independentistas se lleva preso al padre al tomarlo por racista y asesino de negros, confundiéndolo con el Carnicero Grafanil. Se escuchan tiros. Desde la primera línea se escuchan los tiros y se respira más que miedo, estupor.

La Guerra de la independencia de Angola (1961-1975) fue el conflicto más largo de África entre los independentistas angoleños y el Imperio Colonial Portugués, bajo el régimen represivo del Estado Novo (el Salazarismo, más largo que el franquismo). Portugal reconoció la independencia de Angola el 11 de noviembre de 1975, por medio del Tratado de Alvor, pero alentó distintas guerrillas, por lo que inmediatamente estalló la Guerra Civil Angoleña.​

«Angola acabó. Nuestra Angola acabó». Esta frase se encuentra a unas cuantas páginas del inicio. Habla es Rui, un adolescente. Su nombre no aparece hasta bien avanzada la historia. Nuestro protagonista, el mismo que desea ver a las muchachas con aretes de la metrópoli, el testigo del arresto de su padre, el que recoge el mechero que su padre tira o pierde en el jardín, antes de ser injustamente ajusticiado, valga la aliteración. Los blancos ya no son bienvenidos.

La familia (madre, María de Lurdes, Milucha, y Rui), no sin resistencia por abandonar al padre, de futuro entonces incierto, toma un avión habilitado por el Gobierno portugués para repatriar a los blancos. Blanco con una maleta por cabeza. Hay que escoger los enseres que nos llevamos. No es fácil. Maleta por persona. La vida en una maleta.

Durante casi un año vivirán en un cuarto de hotel de lujo de Estoril abarrotado de refugiados sin nada, socorridos de aquella manera por unas autoridades más pendientes de su proceso de democratización que en atender a los retornados, siempre bajo sospecha de esclavitud entre los suyos.

Casi medio millón de portugueses sufrió este drama, el retorno a la metrópoli proveniente sobre todo de Angola y Mozambique. La autora incluida, que pasó sus diez primeros años de vida en Luanda, territorio en el que transcurre la acción. Casi medio millón de personas que perdió su patria para regresar a otra que ya no lo era.

Los que retornan esperan encontrarse una metrópoli acogedora, con expectativa, al menos, de futuro. Pero comienza mal, la historia. Angola acabó. El padre murió. O eso parece. Pero no.

Es un texto escrito a ritmo adolescente, que no encalla en ningún momento, ágil sin ser trepidante, que no juzga (no hay bueno ni malos, todos son un tanto todo, si se me permite el juego). Escrito con ternura y cierta distancia de lo melodramático. Hay que sobrevivir.

A medida que el libro avanza, Rui crece. Ya no es el niño que abandonó Angola. Ahora teme por la salud de su madre (hospicio de demonios, esa mujer de cierta elegancia existencial, enamorada de un pretendiente previo a su marido, cuyo retrato cuelga en un camafeo, sobre su pecho). Rui se revela, no soporta que en la escuela nadie lo llame por su nombre, «Alguno de los retornados que conteste», dice la profesora.

Rui crece y su hermana envejece a pesar de su belleza, su hermana apocada de voluntad, acomplejada, y su madre que vende sus últimas posesiones. Rui y sus quince años descubriendo el comunismo, y la lucha de clases, y el sindicalismo incipiente. Rui perdiendo la inocencia, y sofocando su deseo sexual.

‘El regreso’ pespunta sentimientos de desconfianza, también de esperanza, de humillación, también de nostalgia. Hay amor y pérdida, lucha por la vida y abandono a la melancolía incierta. Fraternidad y traición. Especialmente interesante por cómo narra Dulce María, y por el tema, sobre el que apenas existe literatura.

La autora

La literatura portuguesa cuenta con algunos nombres indispensables en nuestras lecturas. Por supuesto Pessoa, el hombre de los mil heterónimos, pero otros: Gabriela Llansol (El litoral del mundo), Herberto Elder, inmenso poeta mentor de nuestro Gamoneda (Los pasos en torno), Lobo Antunes (Manual de Inquisidores), Sophia de Mello u otros más recientes como Peixoto (Te me moriste).

Aunque nació al noreste de Portugal, como comentamos pasó su infancia en Angola, regresando en 1975. Antes de dedicarse por completo a la literatura, ejerció de abogada. Ha escrito Campo de sangre (2002), su primera novela, que obtuvo el premio Acontece de Romance, Mis sentimientos (2005), distinguida con el Premio Europeo de Literatura, y La tierra de los gorriones (2009), a la que se le concedió el Premio Ciranda. Su cuarta novela, El retorno, recibió el Premio Especial de la Crítica (2011) en Portugal. Por esta obra a la autora le otorgó el Estado francés la condecoración de Caballera de la Orden de las Artes y las Letras (2012).


El retorno está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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