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Abre tus ojos anchos al asombro. Por Ángela Figuera Aymerich

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Nadie sabe

Abre tus ojos anchos al asombro
cada mañana nueva y acompasa
en místico silencio tu latido
porque un día comienza su voluta
y nadie sabe nada de los días
que se nos dan y luego se deshacen en polvo y sombra. Nadie sabe nada.

Pisa la tierra, vierte la simiente,
coge la flor y el fruto: sin palabras,
pues nadie sabe nada de la tierra
muda y fecunda que, en silencio, brota,
y nadie sabe nada de las flores
ni de los frutos ebrios de dulzura.

Mira la llamarada de los árboles
bebiéndose lo azul; contempla, toca
la piedra inmóvil de alma intraducible
y el agua sin contornos que camina
por sus trazados cauces, ignorándolos.
Sueña sobre ellos. Sueña. Sin decirlo.
Pues nadie sabe nada de los árboles
ni de la  piedra ni del agua en fuga.

Mira las aves altas, desprendidas,
limando el sol al golpe de sus alas;
toma del aire el trino y el gorjeo,
pero no quieras traducir su ritmo,
pues nadie sabe nada de los pájaros.

Mira la estrella, vuela hasta su altura,
toma su luz y enciéndete la frente,
pero no inquieras su remoto arcano
pues nadie sabe nada de la estrella.

Besa los labios y los ojos; goza
la carne del amante sazonada
secretamente para ti; acomete
con decisión humilde la tarea
del imperioso instinto: crece en ramas,
mas nada digas del tremendo rito
pues nadie sabe nada de los besos
ni del amor ni del placer, ni entiende
la ruda sacudida que nos pone
el hijo concluido entre los brazos.

Clama sin grito, llora sin estruendo
pues nadie sabe nada de las lágrimas.

Vete a hurtadillas. Con discreto paso.
Traspasa quedamente la frontera.
Pues nadie sabe nada de la muerte.


Ángela Figuera Aymerich (1902-1984) quiso llegar con su poesía a todas aquellas personas que se acercaran a su obra, y lo consiguió con una voz propia, un tono en el que dominó la hondura y la ironía, el registro culto y el giro coloquial, el canto lírico y la denuncia social. Coetánea y amiga de poetas como Carmen Conde, Blas de Otero o Gabriel Celaya, esta gran poeta fue publicada en su momento, pero todavía no ha sido suficientemente reconocida y, de hecho, como tantas autoras de su época, sigue sin estar en los libros de texto. Se rebeló a su manera, cuestionando los modelos que imponía la sociedad en la que vivió. Tuvo que publicar Belleza cruel (1958) en México a causa de la censura franquista. La trayectoria vital de esta autora refleja su compromiso con la historia política de su país y de su tiempo: antifranquista, escritora en un mundo dominado por hombres y defensora del papel social de la mujer. Con su poesía y su personalidad tendió puentes entre generaciones y entre poetas de un lado y otro de la península y del océano.

Ser palabra desnuda, de donde hemos tomado estos versos, recoge 27 poemas en los Figuera se interroga sobre su lugar en el mundo como mujer y como poeta, con la única certeza de que esa búsqueda halla expresión en sus versos: «Mi sangre, zumo denso circulando / por todos mis poemas». Hay en su obra y en su trayectoria una honestidad radical con ella misma y con la vida que acontece alrededor. Sin aspavientos, diciendo verdades, pegada a la gente y a la tierra, desde su ser de mujer y madre, con humildad y quitando importancia a la tarea de ser poeta. Como dice en uno de sus poemas: «Mi reino es de este mundo. Mi poesía / toca la tierra y tierra será un día»

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