Inicio»Desde fronterad»Escritora, pintora, prostituta y vecina de tumba de Borges [por Renée Kantor]

Escritora, pintora, prostituta y vecina de tumba de Borges [por Renée Kantor]

1
Compartidos
Pinterest Google+

Sobre una de las lápidas del prestigioso cementerio de los Reyes en Ginebra están grabadas estas tres palabras: «Ecrivaine, peintre, prostituée» y, entre paréntesis, dos años: 1929-2005. En la sepultura reposa Grisélidis Réal, rodeada de otros muertos lustres, como el escritor Jorge Luis Borges y el teólogo protestante Juan Calvino. Justo ella, la puta anticalvinista, que deseaba permanecer bien lejos de la «terrible religión judeocristiana y su noción hedionda del pecado». La muerte permite que suceda lo inesperado: que el cielo y el infierno se junten. Aunque estar enterrada allí haya sido su deseo, que se cumplió el 9 de marzo de 2009, cuatro años después de su fallecimiento. Una última burla, una epifanía explosiva, dirigida a la Suiza biempensante y calvinista que lo vivió como una profanación.

Escribir sobre Grisélidis Réal (escritora, pintora, prostituta) es reunir los datos de varias vidas y construir con ellas otra vida que no se asemeja a ninguna. De ella se ha dicho y escrito de todo. Dicen que estaba loca. Que era un genio. Dicen que era autoritaria, agresiva y vulgar. Que era una humanista, una maldita. Grisélidis, alguien siempre al borde pero ¿al borde de qué? ¿Quién era Grisélidis Réal? ¿Quién fue esta mujer con nombre de actriz trágica griega, aspecto de gitana y voz rugosa? ¿En elpequeño demonio de Egipto, país donde pasó su infancia, cómo la llamaban de niña? ¿Una puta revolucionaria ?¿Una idealista ingenua ?

—Una puta iconoclasta al borde del quebranto.

Así la definió Yves Pagés, responsable de la editorial francesa Verticales, en el prólogo del libro Mémoires de l’inachevé (Memorias de lo inacabado), una recopilación que reúne sus cartas escritas entre 1954 y 1993. Un intercambio con personalidades de renombre como el escritor suizo Maurice Chappaz, un interlocutor esencial; con una de sus dos hermanas menores, con sus numerosos amantes. Una conversación literaria por momentos irascible, por momentos lírica. Una forma de autobiografía epistolar. En sus cartas pasa sin pausa del arrebato a la desesperanza, de un elogio ardiente y vivaz a la convicción de que «la vida es un asesinato permanente».

Grisélidis
Grisélidis Réal. Foto: J.D. Rouiller

—Creo que las cartas eran un pretexto para lanzarse a la escritura. Grisélidis era un ser que se guiaba por el deseo. No era alguien capaz de escribir en el vacío, ella escribía dentro de una relación. No escribía para cautivar literariamente, ella escribía para seducir a alguien. Estamos cerca de la novela libertina del siglo XVIII por sus descripciones de época y sus confesiones íntimas –explica Pagès desde París, por  teléfono.

Grisélidis Réal nació en Lausana, Suiza, en 1929. Murió setenta y seis años más tarde reivindicando toda su vida dos profesiones: prostituta y escritora. Hija de profesores, un padre helenista que falleció cuando ella tenía nueve años, pasó su infancia en Egipto, en Alejandría donde su padre –Walter Réal– era director de la Escuela suiza. «Tuve la posibilidad de tener padres intelectuales», dirá ella al evocar su infancia. Al morir su padre, ella y sus hermanas menores –Corinnne y Viviane– recibieron una educación rígida y opresiva por parte de su madre, galerista en Ascona, un pueblo suizo. «A su madre le costaba mucho manejar a sus tres hijas», cuenta Igor Schimek, su hijo mayor. «Ella tenía un modo muy abusivo de examinar el cuerpo de sus hijas, incluso sus partes más íntimas. Para mí se trata claramente de un abuso sexual». Es que cada noche sucedía algo que iba más allá del sometimiento. Gisèle Réal Bourgeois obligaba a sus tres niñas a ponerse en fila sobre la cama, con las piernas al aire y abiertas para inspeccionarles el sexo. «Ah, está rojo. Serás castigada», le decía a su hija mayor, Grisélidis, la única traicionada por ese color acusador. Cuando amainaba la presión incesante de su madre, era en la escuela donde la llamaban el demonio de Egipto. «Es mala, toma un látigo o una correa, le pega a sus hermanas y luego les cuenta historias de dragones y de brujas para darles miedo, las hace sufrir y les impide dormir», se puede leer en su libreta escolar, transcrito en el prólogo de uno de sus libros.


Fragmento de Grisélidis Réal: escritora, pintora, prostituta. La vecina de Borges en un cementerio de Ginebra, de Renée Kantor. El texto pertenece a la Antolojía de FronteraD.

1 Comentario

  1. […] Escritora, pintora, prostituta y vecina de tumba de Borges. Renée Kantor escribe en Frontera D sobre la enigmática Grisélidis Réal. […]

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.