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1421 cartas, 521 postales. Philip Larkin y Monica Jones

Cartas a Monica (La umbría y la solana, 2020)

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En 1946 Philip Larkin conoció a la profesora de literatura inglesa, Monica Jones, que fue, sin duda, la mujer más importante de su vida y con quien mantuvo una fluida correspondencia hasta su muerte, en 1985, a los sesenta y dos años de edad. Cartas a Monica es el compendio de todas ellas.

Las cartas

Entre diciembre de 1946 y abril de 1984, Philip Larkin escribió a Monica Jones más de 1421 cartas y 521 postales: en total se han conservado unas 7500 páginas. Otras cartas parece que se han perdido o han desaparecido. Las escribió desde la casa de sus padres, en Warwick, desde Leicester, Belfast, Hull; desde casa de su madre, en Loughborough, desde Londres, Oxford y otros lugares. Aparte de otras misivas familiares, sobre todo las que Larkin escribió a su madre durante sus más de treinta años de viudedad, la correspondencia dirigida a Monica es la más numerosa. Y, sin duda, da testimonio de la que fue su relación más importante. Fue a Monica a quien el moribundo Larkin confió el destino de sus abundantes diarios («Asegúrate de que esos diarios se destruyen»); y, de hecho, poco después de su muerte el 2 de diciembre de 1985, Monica los entregó a la exsecretaria del escritor, Betty Mackereth, que los pasó por la trituradora de la Biblioteca Brynmor Jones, en Hull. Sin embargo, han sobrevivido todas estas cartas a Monica, que narran la crónica de la vida y las actitudes de Larkin con una intimidad inédita en cualquier otro de sus escritos.

En la introducción de las Selected Letters de Larkin (1992), que edité cuando Monica Jones estaba ya enferma, aunque todavía viviría nueve años más (profundamente deprimida y desorganizada), escribí:

La larga y extremadamente estrecha relación con Monica Jones, que se remonta a 1946 en Leicester, aparece aquí solo de modo fragmentado, pero es posible que con el tiempo puedan recuperarse de nuevo algunas otras que parecen perdidas.

De hecho, con anterioridad y a petición mía, Monica había buscado y encontrado unas veinte cartas en la casa de Hull, que había heredado de Larkin a su muerte. Utilicé trece de ellas, o algunos extractos, en aquella edición. Más tarde, como Andrew Motion ha documentado, él fue a la casa de campo de Monica, en Haydon Bridge (Northumberland), y encontró muchas más (varias desgastadas y estropeadas por el agua y el moho). Algunas las utilizó Motion en su biografía de Larkin, publicada en 1993.

Lo que nunca me podía haber imaginado es la cantidad de cartas que salieron a la luz tras la muerte de Monica en 2001. Se encontraron todas juntas, en propiedad de los herederos de Monica Jones y fueron vendidas por dichos herederos, a través del coleccionista de Londres Bernard Quaritch a la Biblioteca Bodleian, de Oxford, el mismo lugar donde están depositadas todas las cartas de Monica a Larkin que se han conservado.

1946

Monica Jones y Philip Larkin se conocieron en el otoño de 1946 en la Facultad de la Universidad de Leicester, donde Monica había sido contratada como profesora ayudante de inglés en enero de 1946. Larkin llegó en septiembre de 1946 como bibliotecario ayudante (el personal de la biblioteca se reducía a tres personas). Los dos habían estado en Oxford (él en St John’s, ella en St Hugh’s) entre 1940 y 1943, donde se habían graduado con honores en inglés, pero allí no habían llegado a conocerse. Ambos habían nacido el mismo año —1922— y procedían de un contexto de clase media provinciana bastante similar. Monica era hija única; Larkin tenía una hermana mayor —Kitty—, pero estuvo distanciado de ella porque se llevaban diez años y tenían caracteres muy diferentes.

Durante los primeros años de relación, Larkin estuvo con Ruth Bowman, a quien había conocido en Wellington mientras ella cursaba sexto año. De hecho, cuando él volvió de tener una entrevista en Belfast en junio de 1950, concibió la vaga idea de que Ruth y él podían casarse y «empezar una vida nueva en un país lejano» (como dice en una carta a su viejo amigo de la escuela Jim Sutton). Pero cuando Ruth, sumida en la exasperación y la desdicha, rompió el compromiso, Monica se convirtió enseguida en el centro de atención de Larkin. Él aborda este tema en una larga carta que comenzó el 23 de mayo de 1951, en la que escribe sobre «el avance de su descompromiso».

La larga carrera de Monica como profesora en la Universidad de Leicester (desde 1946 hasta 1981, cuando se jubiló) estuvo marcada, sobre todo, por dos cosas. La primera, la gracia que mostraba en sus clases, en las que, por ejemplo, podía ponerse un tartán escocés cuando explicaba Macbeth (llegó a impresionar bastante a algunos estudiantes; un antiguo alumno, cuando ya rondaba los ochenta, recordaba: «En mi opinión de entonces, la señorita Jones lucía un rubio sospechoso, iba muy bien maquillada y hablaba mucho sin preguntarnos nunca nuestra opinión. Todo esto podía disculparse, pero lo que más me molestaba era que llevaba unas camisetas demasiado cortas por delante»). La segunda, Monica consideraba que publicar era una actividad un poco vanidosa y de hecho jamás publicó nada durante toda su vida académica, lo que le impidió beneficiarse de algún ascenso. Sufría con la preparación de las clases, las correcciones y la aversión de muchos de sus compañeros, de modo parecido a como se quejaba Larkin. Uno alimentaba las miserias del otro.

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La amistad y la correspondencia entre Monica y Larkin empezó a partir de los libros y las lecturas. En la primera carta hay una parte referente a que él le ha prestado a ella una copia de su novela Jill, recientemente publicada por Fortune Press, y un borrador de Una chica en invierno, que Faber publicaría en febrero de 1947. Con el paso de los años, muchos otros temas se fueron sumando a los libros y las lecturas: cotilleos y rencores entre compañeros; el aburrimiento en el trabajo; comer, beber e indigestarse; enfermedades reales e imaginarias; deporte (sobre todo cricket, y también boxeo); música; películas; planes y recuerdos de vacaciones; y una gran cantidad de banalidades cariñosas sobre su versión del mundo al estilo Beatrix Potter, ilustradas con bocetos de Larkin trazados con destreza.

Los entusiasmos literarios que profesaban ambos no eran los mismos: Monica tenía mucho más interés que Larkin en Walter Scott, Jane Austen y George Crabbe. Desde muy pronto, y durante toda su vida, Larkin estuvo fascinado por D. H. Lawrence. Compartieron gusto por Hardy y Barbara Pym y despreciaron por igual a algunos de los grandes nombres de la época: C. P. Snow, Pamela Hansford Johnson, William Cooper, Marghanita Laski, y docenas más.

Otro tema recurrente lo constituyen los sentimientos de Larkin hacia su antiguo amigo de St John’s, Kingsley Amis: trata el espectacular éxito de Amis con Lucky Jim en 1954, su vida hogareña, matrimonio y otros asuntos, además de con cuánta frecuencia Larkin se exasperaba con él. Monica y Amis desconfiaban el uno del otro: ella sabía que él se había inspirado en ella para su retrato de la cruel Margaret de Lucky Jim.

Al igual que el de Amis, otros nombres suelen aparecer con frecuencia: el vicerrector de Hull, Brynmor Jones, del que Larkin se mofaba en privado por su presunta torpeza de galés; el que fue ayudante de Larkin en la biblioteca durante muchos años, Arthur Wood, sobre el que vierte copiosas ofensas crueles y fantasiosas; algunos compañeros de Monica en Leicester, desde su primer jefe (A. S. Collins, al que en general parece aceptar) hasta otros más tardíos (Arthur Humphreys, P. A. W. Collins, ambos injuriados), de quienes cotillean a menudo. También se burla de Peter Coveney, durante mucho tiempo director de Needler Hall (Hull), aunque aprecia la consideración y amabilidad con él después del misterioso colapso que sufrió Larkin en 1961, su hospitalización y consecuente convalecencia. A George Hartley, fundador junto con su esposa Jean de la revista poética Listen y de la editorial Marvell Press, le impone desde el principio el despectivo título del ponce of Hessle («el mantenido de Hessle»). También menciona mucho a Robert Conquest, que escribió por primera vez a Larkin a principios de 1955 a propósito de lo que sería la antología New Lines. Larkin mostró cierto interés e incluso sintió celos moderados por algunos de los «jóvenes» de Monica –estudiantes de Leicester, sobre todo– que parecían atraídos por ella: Bill Ruddick, John Sutherland y otros.

Estas cartas son digresivas, dan la absoluta sensación de que alguien habla, se entretiene, se queja, se comunica con otro mediante un argot común, pero ese alguien también es analítico. «La vida es antes que nada aburrimiento, luego miedo»: ambos conceptos aparecen mencionados muchas veces. Larkin solía hacer una relación pormenorizada de sus recados diarios y tareas habituales: cambiar las sábanas, lavar las sábanas, lavar los calcetines, remendar los calcetines, cortar el césped de su madre cuando estaba con ella o el suyo propio de su casa de Newland Park, 105.

En todas las cartas ambos comparten un largo y afectuoso jugueteo: él es una foca; ella, una conejita («Queridísima Conejita»); también reproducen estridentes gritos, risas o exclamaciones de gaviotas (¡aug aug, auuugg!), en respuesta a los idiotas e idioteces que se van encontrando. Larkin se dio cuenta –se daba cuenta muy a menudo– de lo unidos que estaban ambos, los dos inadaptados de algún modo para lidiar con el mundo, y, aun así, atraídos de modo especial el uno por el otro. En mayo de 1955, escribió: «Somos unos extraños muy parecidos, cada uno asentado en su vida deshilachada e incómoda, enviando mensajes de esperanza y ánimo». De nuevo, el 26 de septiembre de 1957: «Somos una extraña pareja, ambos con enormes defectos, casi complementarios». En algunos momentos queda claro que Monica habría sido feliz casándose con él; Larkin, pese a las punzadas de culpabilidad, siempre lo evitó. Su intermitente y estrecha relación con Maeve Brennan en Hull fue causa de mucho dolor y mucho análisis.

Larkin le confesaba a Monica todos sus miedos y desdichas: por ejemplo, mudarse de Leicester a Belfast y luego a Hull y vivir en sucesivos hostales. La soledad —«paz y tranquilidad»— era anhelada por Larkin, como es evidente a través de su vida, sus cartas, y sus poemas. Le irritaba y le deprimía la invasión del ruido y los vecinos alborotadores en los hostales y apartamentos donde vivió, un incordio frecuente que aparece en estas cartas hasta que, en 1974 se mudó por primera vez a una casa de su propiedad. En torno a ese año su correspondencia con Monica se había reducido hasta casi desaparecer.

A Larkin le agobiaba el trabajo desastroso que pensaba estaba haciendo en Hull (aunque, según todos los testimonios, tuvo bastante éxito como director de la Biblioteca Brynmor Jones). Le aterraba recordar el misterioso colapso que sufrió en marzo de 1961 y la posterior hospitalización, y vertió ese pánico en la que es una de las cartas más largas de esta colección. De hecho, algunas misivas son muy extensas: doce o catorce caras. Casi todas las cartas y tarjetas estaban escritas con la letra clara de Larkin. Como deja patente de vez en cuando, le influía mucho la sensación de tener el bolígrafo en la mano y el resultado en la página.

Es muy fascinante que compartiera con Monica el proceso de maduración (o no) de algunas poesías. Para empezar, le muestra poemas completos («Viento de bodas», «En la hierba») y, después, su librito impreso en privado XX Poems. Más tarde incluso la pone a prueba con algunos borradores de poemas, de los que le pide comentarios: «En la iglesia», «Mixomatosis» (28 de septiembre de 1954), «Una tumba para los Arundel» y muchos otros. Qué raro que Larkin pareciese tener serias dudas sobre si incluir «En la Iglesia» y «Primavera» en Un engaño menor.

Hay una gran cantidad de tarjetas navideñas, de cumpleaños y de saludo, a menudo ilustradas con sus propios chistes, como el personaje del «Dr. Pussy» («G. F. Pussy»), un clubman victoriano, un gato al que le gustan los peces y las ceremonias; otras están firmadas, de forma variada, como, «Ted o’ the Pennies», «Robert ‘soy el mejor’ Lowell», «Elspeth McBun», incluso algunas picantes fingen proceder del jefe de departamento de Monica, A. R. Humphreys. Ciertas tarjetas contienen versos, la más destacable quizá sea una de cumpleaños (una reproducción del grabado a la aguatinta Priam winning the Gold Cup at Goodwood in 1831, firmado «por J. F. Gilbert»), en la cual está escrito un poema que empieza «Those long thin steeds» («Esos corceles largos, delgados»).

Ambos compartían su empatía por los animales: deploraban las corridas de toros, la vivisección, la mixomatosis y las tiendas de mascotas, además de estar muy enganchados no solo a las creaciones de Beatrix Potter (e incluso a las de algunos de sus imitadores y seguidores), sino a criaturas reales, sobre todo gatos y conejos; aunque Monica tenía fobia a las gallinas y otras aves.

A partir de 1972, las cartas se van acortando y se hacen mucho menos frecuentes. En enero de ese año, la madre de Larkin ingresó en un hospital de Leicester y luego en una residencia cerca de su casa, lo que suponía que el poeta solía visitar a su progenitora mucho más a menudo, y, por lo tanto, veía también con más frecuencia a Monica en Leicester. También comenzaron a telefonearse con más libertad de lo que habían acostumbrado; aunque ambos eran, por naturaleza, más escritores de cartas que conversadores telefónicos.

En octubre de 1982, Monica se cayó por las escaleras de su casa de Haydon Bridge, ingresó en el Hospital Hexham, y pasó la convalecencia en la casa de Hull. Regresó a Haydon Bridge cuando se sintió recuperada. Pero después, durante la Semana Santa de 1983, mientras ambos estaban en la casa de campo de Monica, ella sufrió un fuerte ataque de herpes zóster. Cuando recibió el alta hospitalaria, Larkin le ofreció cobijo y cuidados en su casa de Newland Park (Hull), donde la cuidó hasta morir él en diciembre de 1985. Hacia el final de su relación se habían asentado casi como un matrimonio. Monica apenas dejó esa casa de Hull hasta su propia muerte en febrero de 2001.

Anthony Thwaite en la introducción a Cartas a Monica (La umbría y la solana, 2020)

Más información sobre el libro aquí

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Philip Larkin. Coventry (Warwickshire) 1922 – Hull, (Yorkshire del Este) 1985.  Nació en el seno de una familia conservadora inglesa, y estudió en la Universidad de Oxford. Fue novelista, crítico literario y musical (durante muchos años escribió sobre jazz en el The Daily Telegraph) y sobre todo poeta, desde que quedó fascinado por el escritor Thomas Hardy. Sus influencias literarias provienen también de T. S. Eliot, W. H. Auden, Ezra Pound y fue un gran lector de Oscar Wilde, G. B. Shaw, J. Joyce, K. Mansfield y de su escritor favorito, D.H. Lawrence. Durante toda su vida mantuvo una relación de amistad con el escritor Kingsley Amis a quien conoció en Oxford en 1941. Desde 1943, ejerció de bibliotecario, primero en Wellington (Shropshire) después en la Universidad de Leicester, más tarde en la de Dublín y por último en la de Hull donde estuvo hasta su muerte. Público dos novelas, Jill (1943) y Una chica en invierno (1947). En 1945, publica su primer libro de poemas: El barco del Norte, más tarde Un engaño menor (1955) y en 1964 Las bodas de Pentecostés, que tuvo un gran éxito. En 1974, aparece su último libro de poemas, Ventanas altas. Tuvo un gran reconocimiento en su país, incluyendo la entrega de la Queen’s Gold Metal for poetry que recibió en 1965.  En 2010, veinticinco años después de su muerte, se celebró en su honor el Festival Larkin en Kingston upon Hull, en cuya biblioteca universitaria trabajó durante gran parte de su vida. Tuvo una gran influencia en algunos miembros de la Generación del 50, sobre todo en Gil de Biedma y Gabriel Ferrater

Es gracioso, uno empieza pensando que es retraído, sensible, inteligente, siempre humilde y un paso por detrás y todo lo demás; y entonces resulta que, a los treinta, descubre que es un gran bruto integral, incapaz de apreciar algo más sutil que un beso o una patada, que ruge sus hipocresías a voz en grito, con la piel tan gruesa e insensible como un rinoceronte. Al menos, en mi caso. Por eso nunca debes pensar que te critico a ti. Tú siempre tienes razón, incluso cuando no es agradable tenerla. Ahora, a trabajar, ¡Tocinito!.

Philip Larkin, en Cartas a Monica

 

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