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Cómo triunfar en una plaza como Madrid haciendo además bien las cosas

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Llenar un auditorio es complicado. Hacer algo así es a los libros como sería llenar el Reungrado Primero de Mayo, el estadio más grande del mundo, a la música. Más o menos. Es decir, toda una proeza. Y es que fue justo esto lo que pasó el viernes 22 de diciembre: Ximena Maier presentó su Cuaderno del Prado ante el público que abarrotaba, desbordándolo, diría, como había incluso gente de pie, el auditorio del Museo del Prado, nada menos. Salimos de allí como borrachas, fue impresionante. De verdad. Os lo cuento también para que volváis a perdonar la mala calidad de las fotos, cómo puede una concentrarse como es debido en tales circunstancias, lo regular que quedará sin unas fotos en condiciones una crónica que debería servir, es su vocación, para dar cumplida y sentida cuenta de un momento tan especial. Qué recargada escribiendo, diréis. Ya, bueno.

Ocurre, además, que no pudimos grabarlo, y que ni Lucía ni nuestra joven ayudante Luna, ni yo misma pudimos asistir al acto más que a ratos, tanta gente como había, demandando los libros que se agotaron en nada, antes de que la gente empezara a marcharse… Y que no fueron pocos. No os digo cuántos, en fin, corramos así un tupido velo, como hoy aún no he utilizado una frase hecha, porque una distribuidora tiene, esto también, algo de cura, o de médico o abogado: es secreto profesional. Pero que fueron muchísimos. Una barbaridad de libros. Una barbaridad de gente. Como una borrachera feliz, no sé si así se entenderá el ambiente, estaba todo el mundo tan alegre.

De izquierda a derecha: José Manuel Matilla, Carmen Posadas, Ximena Maier y Javier Aznar

Nosotras, aun cuando no pudimos escuchar a Carmen Posadas —generosa, entusiasta; se ofreció casi en el último momento a acompañar a la propia Ximena y a José Manuel Matilla, Jefe de Conservación de Dibujos y Estampas del Museo (lo copio todo en mayúsculas directamente del Cartel) y Javier Aznar, periodista—, y esto es un plus, eso sí, tuvimos la suerte de poder charlar con el personal del Museo; nos ayudaron en todo momento: vigilantes, guardias de seguridad, una de las encargadas de la Librería, amabilísima… Veían por primera vez el cuaderno. Y son, como los cuadros, o la sensibilidad de la autora, o Velázquez, Goya, los rincones del Museo, co-protagonistas del libro: «Mira, aquí, aquí…», le enseñaba una vigilante a otra la imagen de otra compañera, a la que reconocían, «Si es que es ella, yo la he reconocido en cuanto la he visto…». Fue así y entonces, y no cuando llegó el libro por fin a mis manos hace unos días y pude hojearlo y ojearlo a placer, cuando me di cuenta de por qué iba a triunfar e íbamos a disfrutar tanto del triunfo de este libro: lejos de ser un artificio, el Cuaderno del Prado es un retrato honesto hecho desde el inmenso cariño de alguien que ha pasado horas y horas por sus estancias, con los ojos así de abiertos, absorbiendo e ilustrando aquello que veía, como ella lo veía; suelo decir que en riguroso directo cuando cuento de qué se trata, anécdotas, gentes, escenas, cuadros, batallas, luces, acaso alguna sombra.

Estábamos justo a la entrada del auditorio, ahí atrapadas, tras una suerte de mostrador, un rinconcito que nos prestaron para los libros; no podíamos irnos de allí como el trasiego era constante; salió también algún avispado que ya intuía que se nos iban a agotar. Y un señor, por contar algún chascarrillo, despistadísimo. «¿Lo regalan?». «No no no», esta soy yo, «cómo lo vamos a regalar», soltando ya mi speech: «Es un cuaderno de campo sobre el Museo. ¿Ha visto en alguna ocasión alguno, estas libretitas que llevan, por ejemplo, los botánicos, o los observadores de pájaros; dibujan con lápices de colores lo que se van encontrando y les gusta o les llama la atención…?». Se lo llevó, claro, se me nota  tanto, no quiso romperme el corazón.

Ximena Maier, y es así como vamos a acabar, iba dibujando según iban desgranando anécdotas y batallas sobre su la obra que nos traemos estos días entre manos. El público, entregado, luego nos lo contaba a nosotras: «Es una artista, qué bien dibuja», nos dijo un señor, en el mismo tono, con el mismo arrobo, diría, para que se hagan una idea, que algunas señoras (como yo, por ejemplo) ponen cuando les dicen a los músicos y toreros eso de «¡Guapo!».

[Aquí debajo va un video que le hemos birlado a Ximena de su twitter; así es como dibuja, «con la gorra», dijo otro señor]

Y nada más. GRACIAS, que aún no lo había dicho. De verdad.


Cuaderno del Prado (Nido de ratones, 2017) está disponible en la generosa red de librerías con las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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