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Cómics existenciales: humor para defender a la Filosofía del antiintelectualismo

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Por Álvaro González

Un volumen reúne todas las historietas de cómics existenciales, el proyecto divulgativo de Corey Mohler, un ingeniero informático de formación filosófica autodidacta, que poniendo a los filósofos en situaciones actuales, a Marx como consultor empresarial, a Camus como a un vampiro o a Kierkegaard de rave, pretende luchar contra todos aquellos que consideran a la Filosofía una disciplina inútil

Siempre he sentido una admiración y respeto especial por la gente que acaba dos carreras. Una es Derecho y la otra Filosofía. Ambos aprenden a pensar más que el resto de mortales y lo demuestran fuera de sus respectivas áreas profesionales. Seguro que alguien al leer esto se pregunta cuál es el área profesional de un filósofo. Yo tampoco lo sé. Pero sí que me fijo en que, por ejemplo, uno de los creadores de El Mundo Today es licenciado en Filosofía. Igualmente, en el mundo del guión televisivo he conocido a gente con esa carrera y brillaban con luz propia. Sin embargo, como todo el mundo sabe, la LOMCE redujo sustancialmente la Filosofía de las aulas españolas.

Hay dos pequeños detalles que cuestionan el significado de la democracia en nuestro tiempo. Si perdemos la intimidad, como hacemos con la auto-exhibición en redes sociales, por ejemplo, la libertad es un concepto falaz. Si no te enseñan a pensar, sinceramente, también lo veo chungo. Pero oye, lo importantes es que emprendas. Aunque sea contra un muro de granito con el cráneo desnudo.

Cómics existencialesDe todos modos, si no aprendes a pensar, conocer mínimamente la historia de la filosofía sirve para que la lectura de Cómics existenciales, de la editorial Stirner, publicado este año, te haga reírte como un enfermo mental. En modo what if, la premisa de esta ida de pinzón de su autor, Corey Mohler, es la siguiente: ¿Qué pasaría si juntásemos a filósofos y pensadores de todas las épocas, tales como DostoievskiSartrePlatónWittgensteinNietzscheBeauvoirSócratesKant o Camus en un mismo tribunal, en una oficina moderna o en un terreno de juego para disputar un partido?

De eso se trata. Como en aquel sketch de Monty Python en el que se enfrentaban dos alineaciones de filósofos en un partido de fútbol. Pero esto no dura cuatro minutos, son 320 páginas de descojono.

Me encanta la tirria que se le tiene a Nietzsche. Se llega a aseverar que cada vez que alguien dice «yo soy muy de Nietzsche» lo que sigue es que «alguna mierda estúpida va a salir de su boca». La historieta de Maquiavelo deambulando con sus consejos en una oficina donde hay conflictos entre mediocres mandos intermedios es oro puro. La historieta sobre Dios y el diablo mofándose de Descartes, poniéndole delante de su percepción animales como una jirafa y riéndose entre ellos: «¡Cómo se va a creer que esto exista!». Luego siguen con un canguro, le manipulan para que piense que 2+2 son cuatro. Tanto o más que Nietzsche cobra Albert Camus, al que no aguantan ni los vampiros… Un festival.

Con las horas que pasa uno en Twitter, he experimentado también especial hilaridad y carcajadas con El Hombre Falacia, al cual he considerado muy cercano. Un superhéroe obsesionado con las contradicciones ajenas y sus falacias. Me encanta cómo hace comer mierda a una niña pequeña por afirmar que las zanahorias son mejores que los caramelos para la salud por proceder de la naturaleza. Una falacia naturalista.

Otro superhéroe digno de mención es Capitán Metafísica, al que invocan combinando sus poderes EpicuroLeibnizPlatónKant y Berkeley. Sus poderes son maravillosos. Si algún malhechor empieza a dudar de todo, le da de hostias para que tenga la seguridad de que le duelen. Y hay póster de Simone Beauvoir, en plan Wonder Woman, como La Mujer Ambigüedad.

También tenemos a Aristóteles volcando a Epicuro jugando al póker e insultándolo mientras reparten las cartas, por nenaza que siempre huye del dolor. Vemos a Kierkegaard irse de rave, comerse un ácido y que le dé un bajón porque no puede conocer el absoluto.

Marx le tenemos de negociador para la liberación de rehenes y también de consultor. Pero la palma se la lleva Star Marx, una adaptación de La guerra de las galaxias. Descartes es el emperador, el lado oscuro de la metafísica.

Y como en el aludido sketch de Monty Python, no podía faltar un partido de fútbol. Es un Francia – Alemania. Sartre, con los primeros, mete gol con la mano atendiendo a su concepto de la «libertad radical». El árbitro lo anula y Focault protesta por unas reglas del juego inherentemente opresivas. En otra jugada, es Hegel quien se queja al colegiado por otro tanto que no sube al marcador: «Tenemos una tesis, ‘no gol’, y tenemos una antítesis, ‘gol’, necesitas una síntesis de las dos: podrías darnos medio punto». El árbitro es Confucio, por cierto.

[…]

[Reseña de Cómics existenciales que puedes continuar leyendo en Valencia Plaza.]


Cómics existenciales está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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