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Puentes

Empezar a hablar de un libro con una cuestión tan personal del que suscribe la reseña no es algo especialmente recomendable. Podría parecer una ataque de egocentrismo. Pero uno no puede evitar sentir una enorme solidaridad, una verdadera corriente de simpatía, por aquellos que ponen nombre a ciertas «mascotas». Por llamarlas de algún modo. Digamos… mascotas peculiares. Los personajes (reales) de este libro la llaman de un modo más preciso «inquilina». Sea cual fuere la clasificación, una de ellas queda aquí bautizada como

Es sábado. Tengo un amigo que se llama Rubén y va a ver el fútbol esta tarde al Santiago Bernabéu, y encima es negro. Nos cuenta que hay más policía que nunca, y que le han cacheado ya dos veces y todavía no ha podido entrar al estadio. Que o le detienen o le cae una bomba junto a los demás, pero algo se lleva seguro, que hasta otro amigo le dice: «Macho, es que tú también, qué manera de jugarte la vida. Con estado de alerta 4 por los atentados y te vas al fútbol. Por lo menos dile a alguna chavala que el final está cerca, a ver si tienes suerte y te cae una paja en los baño»

Recién Narciso, uno de los últimos frutos maduros de la poesía Imaginemos a la poesía como un árbol cuyo tronco y ramas adelgazan hasta la última brizna de la ramita final, aquella que no suele aguantar el peso de la ardilla. Ni siquiera de la oruga, tal es su fineza. En el tronco, al que llamaremos tronco griego por sus precursores, vemos a una poesía muy asociada a la prosa, la filosofía y la música. Es una poesía unida a

«Sé que queréis ganar, pero tenemos que hacerlo juntos, ¡juntos!» Recuerdo exactamente dónde y cuándo me enteré de su muerte. Estaba haciendo tiempo, sentado junto a la barra del bar que frecuentábamos, antes de la llegada de mis amigos, y decidí consultar las redes sociales a través del móvil. Uno de sus mensajes en cadena me alertó de la noticia. Lorenzo Francés había sido hallado muerto esa madrugada debido a una ingesta masiva de somníferos que lo dejó dormido para

Pétalos de acero, de José A. Bonilla, es la primera novela del sello Icarus, dedicado a la ciencia ficción, de Hermenaute. Pétalos de acero es una novela de aventuras steampunk con guiños al folletín popular y a la literatura policíaca de Maurice Leblanc que transcurre durante diez días de junio de 1888, recién inaugurada la Exposición Universal de Barcelona. La novela ofrece un retrato de una época apasionante para la Ciudad Condal: acababa de desprenderse de sus murallas y vivía

«A Marina, que sujeta mis demonios» No entiende de geología, biología, ni ciencia, pero está seguro de que las habitaciones no crecen debajo de los árboles. Por eso, cuando la grúa arranca el tocón de aquel viejo pino muerto, arrastrando consigo trozos de muro enredado en sus raíces, sabe que no es natural que el sol dibuje baldosas y unas sucias escaleras que se adentran hacia el interior de la tierra. Su mente —lenta en acciones cotidianas y perezosa en esencia— es

Sirgar era el método por el que se remontaban los ríos navegables antes del vapor y cuando no soplaba viento. Consistía en que un hombre o un animal remolcaban la embarcación tirando de ella por la orilla. El Ebro era navegable hasta Zaragoza hasta no hace mucho y en Camí de Sirga, de Jesús Moncada, nos habla de esos tiempos, del último siglo de vida de la villa de Mequinenza, antes de ser sepultada por un pantano de los muchos que

LA VERDADERA FILOSOFÍA Se cuenta que la noche en que una multitud enloquecida, gritando consignas orangistas, procedió al linchamiento de los hermanos de Witt, hubo que encerrar a Spinoza en su casa de La Haya, para que no saliera a hacer pintadas, ni a distribuir octavillas contra esa barbarie. Corría el año 1672 y con la muerte de los hermanos de Witt finalizaba en los Países Bajos la política llamada de «verdadera libertad»: una gran autonomía de las ciudades y

25 de diciembre de 2015, en Negratinta Escribe Manu Mérida acerca del festival EÑE: una fiesta de la literatura en la que los autores invitados comparten con el público sus gustos, aficiones y lecturas. Fotografía Lorena Portero. Es sábado. Tengo un amigo que se llama Rubén y va a ver el fútbol esta tarde al Santiago Bernabéu, y encima es negro. Nos cuenta que hay más policía que nunca, y que le han cacheado ya dos veces y todavía no ha podido

El poeta madrileño Augusto Ferrán (1836-1880) contribuyó de forma decisiva a la gran renovación de la lírica española que tuvo lugar a mediados del siglo XIX, aunque en la historia de la Literatura Española no ha sido considerado poeta de primera fila, como su amigo Gustavo Adolfo Bécquer. Para el periodista y escritor Francisco Robles Rodríguez, Ferrán sigue siendo un gran desconocido, de ahí la edición literaria que realizó de La Soledad: colección de cantares populares y originales, que se