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Desnudo bajando una escalera Duchamp

Eclipse de sol: Elevage de pussière y el descenso de lo femenino ¿Por qué si, en la división decidida por Duchamp para el Gran Vidrio, la Mariée ocupa el panel superior, elevada sobre las libreas masculinas, tanto en «Encore à cet astre» como en Desnudo bajando una escalera, nº 2 el cuerpo femenino aparece representado en sentido descendente? ¿Existe una contradicción de base entre estas dos obras y el cristal que anularía la conexión de fondo establecida entre ellas? Para

Decidimos andar de un lado para otro, y nuestra primera salida fue a la Vera de Cáceres, a un pequeño pueblo llamado Viandar. El viaje lo hicimos de noche, saliendo Bilbao hacia las tres de la madrugada y manteniendo durante casi todo el trayecto una conversación doblemente nocturna: nocturna por la hora  o las horas en que se desarrolló; nocturna también por el tono a veces íntimo, a veces metafísico que los tres que íbamos en el coche nos encargamos
Jaime Sáenz

Primer recuerdo Con hermosa expresión de antigüedad, muy remota y triste, con lacio cabello negro, que peinaba con moño, y con grandes ojos negros, emerge de entre las sombras y se me aparece, suave como la lluvia. Está sentada allá, ante una mesa oscura, perdida en la penumbra, en un rincón del cuarto. Y parece contemplar sus signos y sus costuras, sus tejidos y sus labores, buscando quizá un sol ilusorio, que le gustaría recibir en la espalda. Y me
En el baile de máscaras, Hopper

En el baile de máscaras c con las comisuras remontadas por el pintalabios hacia la alegría, hacia la mofa; los párpados rayados verticalmente por dos líneas rojas. Ridículo, está ridículo de payaso blanco, con ese collarín en acordeón que le aprieta el cuello. Es lo que siente y lo que percibe en la mirada de la pareja rígida de la otra mesa. Pero los ignora, cómo ignora a los dos compañeros que están sentados frente a él. Uno disfrazado de

Árbol Este soberbio tronco que mis brazos, más tiernos que tus ramas, no pueden abarcar, nació conmigo. Antes que yo te viera, tú, no estabas. No me muevas tus hojas; no me inclines, en terca afirmación tu aguda cima, clavada en ese azul que yo no alcanzo. Mi vida sola vale: yo te vivo con este fino tacto de mis manos y de mis ojos lúcidos. Tú no serás después que yo no sea. El peso inexorable de mi muerte

Mis proyectos me llevan a viajar mucho, y muy a menudo me encuentro cenando a solas en restaurantes de hotel. Una de esas noches en Buenos Aires, decidí amenizar mi solitaria cena dibujando. Fue quizás porque los camareros hablaban a los clientes en francés que se me ocurrió dibujar a Cocteau. Siempre me llamaron la atención su nariz y los largos dedos de sus manos. Conseguir el parecido me llevó bastante tiempo y un par de copas de vino extra. «Oh, mi querido Jean» escuché decir
CD Wright

Primer recuerdo Ella y su prima jugando a las casitas con una caja de cartón: pasto era jardín, saltamontes eran carne, barro era pan. Caerme del porche y abrirme la cabeza, dijo mientras giraba su cráneo afeitado al ras sobre su musculoso tallo     Por cualquiera que sea su valor Aquí mi amigo        su madre fue asesinada durmiendo en su propia cama A un padrastro le pegaron un tiro jugando a las cartas su hombre de

Yo también fui joven Yo también fui joven. Un día no hace tanto tiempo. Yo también conservo fotos de peines y tocadores. Yo también escribí versos en mi juventud aunque nunca llegaron a la sombra de estas palomas, de estos recuerdos que se van depositando en los márgenes, en los marcos blancos de estas páginas. Yo también creí amar. Un día no muy lejano. Yo también creí morir, dormir en el desierto cuando mi amor dejó de mirarme a los

Vampiros, chimpancés y monstruos condensados En la Feria del Libro de Madrid nos tiramos todo el día hablando de libros, la caseta es un hervidero de recomendaciones y críticas más o menos fundamentadas. Charlamos con los lectores y las lectoras que se acercan a ver qué hay de nuevo, que nos comentan sus gustos y nos piden recomendaciones; hablamos con los autores, las autoras, nos cuentan detalles de su trabajo; pasamos también mucho tiempo con los editores y las editoras

¿Qué pasaría si juntásemos a filósofos y pensadores de todas las épocas, tales como Dostoievski, Sartre, Platón, Wittgenstein, Nietzsche, Beauvoir, Sócrates, Kant o Camus en un mismo tribunal, en una oficina moderna o en un terreno de juego para disputar un partido? Corey Mohler (Portland, OR, Estados Unidos, 1985), que cuenta con la improbable virtud de ser trascendental a la par que divertido, brinda en estos Cómics existenciales la posibilidad de disfrutar a través de unas páginas que oscilan, en natural equilibrio, entre la reflexión sosegada y lo hilarante del chiste fácil.