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En el baile de máscaras, Hopper

En el baile de máscaras c con las comisuras remontadas por el pintalabios hacia la alegría, hacia la mofa; los párpados rayados verticalmente por dos líneas rojas. Ridículo, está ridículo de payaso blanco, con ese collarín en acordeón que le aprieta el cuello. Es lo que siente y lo que percibe en la mirada de la pareja rígida de la otra mesa. Pero los ignora, cómo ignora a los dos compañeros que están sentados frente a él. Uno disfrazado de
Teresa Soto

En, desde, hacia la caída Por Mª Ángeles Pérez López ¿Qué queda sedimentado al fondo de un texto cuando se produce su caída? ¿Y cuándo de las personas se produce su caída? No sirven viejos símiles como el de las hojas del otoño, al menos tan desgastado como la propia carnalidad tumefacta de esos cuerpos de tránsito, sino que somos invitados a mirar hacia otras textualidades y corporalidades, aquellas que operan por elisión y decantamiento. Así el libro Caídas (2016) de la poeta ovetense
Hopper En una habitación de hotel

En una habitación de hotel Hace meses que Joséphine soñaba con esta escapada. Un espacio de libertad durante unos días, para ella y su compañera. La habitación que ha reservado por internet es mucho más pequeña que en la foto. Ambiente años veinte garantizado. Está un poco decepcionada. No importa. El maletín de cuero de su abuela reposa junto a la maleta. Lo lleva con ella siempre que se marcha, como una especie de amuleto, una presencia que la reconforta.
En la terraza

En la terraza Hay cinco amigos sentados en las tumbonas de la terraza. Frente al sol, silenciosos, contemplan las montañas oscuras en el horizonte. Aún no han cortado el trigo del campo al otro lado de la carretera. Solo Clément está un poco retirado y ahoga su aburrimiento en un artículo sin interés. Levanta la mirada y contempla a su compañero, cuya cabeza reposa sobre un cojín, con la mirada ausente. Clément no lo entiende, no lo reconoce. Ya no
Room in New York Edward Hopper

En el salón Están en el Salón Amarillo, aquel en el que ella toca el piano, solo cuando él no está, para no incomodarlo. Ella no toca lo bastante bien para sus oídos, los de él. Él ha llegado a las  siete en punto, como cada día, ha dejado su abrigo en la entrada y ha cogido el periódico. La ha besado en la frente, como quien besa a un niño: – ¿Has tenido buen día? Dos cuadros sin valor

incorpore es una editorial con un pie en Francia y otro en España. «Oiga ―me dice el lector imaginario―, que ha escrito el nombre de la editorial con minúscula inicial y con el ʽinʼ en cursiva». A este meticuloso lector le diremos que se escribe así. Paisajes en una maleta pertenece a la colección les petits bilingues, por lo que una página está en francés y la de al lado en español. En la contraportada hay un breve texto en francés que voy

Caídas, de Teresa Soto, en Madrid — ¿Cómo presentarías a un amigo? —le dijo ella. — Con una sonrisa —respondió él. Así empezamos la presentación del poemario , de Teresa Soto. Así queríamos empezar. Sin superlativos ni parafernalias. Desde lo pequeñito, lo cercano. Desde la alegría que se siente al publicar un libro como ese. Un libro que busca amigos, o más bien, cómplices. Así empezamos la presentación, entre cómplices: Teresa Soto, la autora del libro, Nicholas F. Callaway, el autor

El jueves librerante de mayo lo celebramos en la Librería Rafael Alberti. Tienta mimetizar a Machado, diciendo aquello de Navegante no hay…, se hace… al navegar». Pero faltan las palabras, sobran, se confunden, hierran… No hay tierra firme para quien se hace a la mar, no hay tierra firme para quien se hace a la lectura, hay tierra en las profundidades, a lo lejos. Y para llegar a ella hay que embarcarse en el buen libro, pues no todos los libros zarpan.